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Visa para India

La página de la embajada de la India anuncia, con el tono más amigable que uno puede imaginar, la siguiente propuesta:

“Primero lo invitamos a tomar un café. O si prefieren, té, chocolate y capuchino… Su visa estará lista lo antes posible. Ponemos a su disposición información y consejos para su viaje”

Con pasaporte en mano, y todos los requisitos, partí para allá hace un rato. Fui con la mejor de las energías, porque necesitaba palpar el viaje, empezar a sentir que es de verdad.

Me duró poco el entusiasmo. El Sr. X que me atendió detrás de un mostrador que decía en español CAFE CON VISA no concuerda con el estereotipo de la gente que trabaja en embajadas. ¿No se supone que deben ser amables, sonreír, ser predispuestos? ¿No se supone que están representando a su país en MI país? Para empezar me paré en la puerta vidriada esperando que me hiciera pasar, cosa que hizo luego de resoplar exageradamente y sin levantar la mirada. Me presenté en español y el me respondió en un inglés duro, forzado. Le contesté con mi mejor inglés, sin perder la sonrisa. Me mandó a completar unos datos que me faltaban. Volví. Sin invitarme a sentar me hizo dejar los papeles arriba de un mostrador y con voz seca me dijo: ‘2 photos, yellow fever’. Saqué mis cosas. Dejé también el pasaporte por las dudas. ‘Go and wait outside’ Fui y me senté, y esperé. Vi entrar a su secretaria, más jóven que yo, y llevarse mis cosas con desgano. En la sala de espera había muchos libros grandes con fotos. Se acercó un chico a servirse agua y viendo mi cara de aburrida me ofreció un café, en español bien argentino, que rechacé. Al rato llegó un señor al que le hicieron pagar por su visa, no entiendo por qué porque la de turistas es gratis. Seguí esperando mirando fotos. Pensaba en ese momento que si esta es la previa a un viaje tan maravilloso, deja mucho que desear. El señor que había pagado se me sentó al lado, también a esperar y se quejó diciendo ‘menos mal que hablo en inglés’. Y es que sí, ¿no se supone que es su obligación hablar español ya que en Argentina se habla español y no es obligación nuestra saber hablar inglés inglés? No se por qué pero me pareció que era a propósito, o será que se demostró tan poco amigable que no quedé muy conforme.

A los 20 minutos llegó y sin siquiera mirarme ni dirigirme la palabra me extendió la mano con mi pasaporte y antes de que pudiera agarralo ya se había encerrado en la oficina. No llegué a decirle gracias. Abrí el pasaporte para encontrarme con una hojita pegada a una hoja con muchos colores y cosas que no entendí, pero si ví que tengo hasta marzo del año que viene para ir y venir a la India. Se ve lindo…Sonreí.

Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

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