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Peripecias de viajar en tren por la India

Al grito de “chai – chai” me despierto. Es temprano y ya están vendiendo por los pasillos. Tengo hambre y estoy harta de la comida picante. Hace mucho que no como hasta cansarme, siempre paro porque no tolero más el ardor y no porque tengo la panza llena.

No sabemos bien cómo vamos a hacer para llegar hasta Goa. Según nos dijeron no hay trenes, pero mi guía dice que sí. Así que preguntamos al controlador que nos indica dónde bajarnos (un par de estaciones antes de donde teníamos previsto).
Acá entonces empieza la carrera: tenemos que tomar un tren local hasta Lokmanya St., de ahí cruzar hasta la otra punta de la estación – rickshaw de por medio – y con suerte tomar un tren que, según nos dicen, sale a las 16:45. Tenemos dos horas. Aunque es mucho tiempo no va a ser nada fácil, porque encima hay que rogar que haya espacio.
Habíamos dicho entonces que lo primero era un tren local. Ya de caminar por la estación se nota que llegamos a Bombay: hay gente, gente y mucha más gente por todos lados, y hace un calor infernal. Sacar tkt va a ser difícil por la cola que hay… ¿Vamos sin pagar? ¡Y vamos! Nos subimos al tren y después de alguna información útil de otros pasajeros nos bajamos en la terminal correcta. 1er paso concretado. Ahora a cambiar de punta de estación. Acá sí que perdemos tiempo: muchas, muchas escaleras que no llevan a ningún lado, muchos puentes innecesarios, muy poca información. Como 40 minutos de subir y bajar innecesariamente, mochila al hombro. Y yo, lo que nunca: transpiro a chorros, siento el sudor correr por la espalda, estoy cansada. Finalmente llegamos a la salida y tomamos el tuc-tuc. Solo falta llegar y comprar el tkt (espero no sólo que haya espacio, sino que haya tren…) Hacemos unas pocas cuadras cuando el rickshaw se detiene ante la barrera de un supuesto tren. 5 minutos más tarde y con la paciencia en -10, nos bajamos y nos vamos caminando, cruzamos la barrera y tomamos otro tuc-tuc. Finalmente llegamos. Hay tren y hay lugar, y hay empleados de tren muy amables que aunque no anda el sistema nos dan unos papelitos como boletos y después pagamos arriba.

Ya falta cada vez menos…

Hace 3 días que no me baño, me duele el cuerpo de tanto viaje, la espalda por la mochila, mi ropa esta toda transpirada, pero nadie me saca la sonrisa de la cara. No hay vacaciones sin playa, y allá estamos yendo, a las corridas, pero felices…
Salimos entonces cerca de las cinco y a eso de las 3 de la mañana llegamos a la estación. todavía nos quedan un par de horas hasta Arambol, que es el pueblo donde vamos a ir, pero siendo la hora que es, mejor buscamos un hotel donde podamos descansar, así mañana seguimos – y terminamos -.

Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

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