El objetivo del día era encontrar un cuchillo para mi papá. Había visto unos en Udaipur que son típicos de esta región, así que supuse que encontrar uno no debía ser nada complicado. Me equivocaba.

1er historia. Tuc – Tuc y los 5 dedos : queremos tomar un rickshaw por 40 Rp., que es lo que vale, hasta Tripolia Bazar. El conductor nos dice que solo nos lleva por esa plata si antes paramos en una casa donde trabajan piedras preciosas. No estamos obligados a comprar, pero él tiene comisión por cada persona que lleva. Allá vamos. No nos explican mucho, pero el trabajo en sí se ve muy lindo. Joao termina comprando unos aros (que tengo puestos en el momento en que estoy tipeando esto). Seguimos camino hasta Tripolia. Bajamos a mitad de cuadra. El rickshaw, que no puede pegar la vuelta nos hace subir nuevamente: nos va a llevar un par de cuadras más sin cobrarnos. Hace unos pocos metros, frena el tuc tuc, se da vuelta y sin dejar de mirarnos a los ojos y en un inglés rudimentario nos cuenta la historia de los 5 dedos: “ Todos los humanos tenemos 5 dedos, pero no todos somos iguales. Algunos dicen: ‘todos somos iguales’ pero en realidad mienten porque ellos quieren sacar algo de ti. Yo digo tenemos 5 dedos y eso me hace igual a ti y a él, porque ustedes están en India que es mi casa y en Jaipur que es mi ciudad. Su problema es mi problema y yo quiero que ustedes estén bien, sin pedir nada a cambio. Contá mis dedos, tengo 5 igual que ustedes”. Aunque sus palabras fueron un poco contradictorias, creo entender el menaje y sonrío. Después de tamaño discurso nos deja en la esquina donde supuestamente encontraríamos cuchillos, pero nos damos cuenta de que sólo venden utensilios de cocina, así que sin perder más tiempo enfilamos para el otro lado.

2da historia. Una carta de amor en español:Otra de las cosas que también andamos buscando son esas típicas tobilleras que usan las mujeres de acá. Entramos en una perfumería que también vende, pero como el que atiende se delira con los precios lo dejo a Joao peleando y salgo a la vereda. Apenas me alejo un poco me ataja un indio, quien muy amablemente me pregunta por qué los turistas los ignoran o se alejan sin responderles. Le explico: es muy molesto que todos te quieran vender algo todo el tiempo, que no acepten un no como respuesta y que además quieran sacar provecho con todo. No se trata de ignorar, uno viene precisamente buscando contacto, pero la gente local a veces es demasiado pesada. Me pregunta de dónde soy y ni bien respondo me pide si por favor puedo hacer algo por él: tiene un amor en España y quiere escribirle una carta. Claro que acepto, así que vamos hasta su negocio que está a muy pocos metros, me siento y comienza a dictar:

“Querida Eva, ¿cómo estás? Muchas gracias por las fotos que enviaste. Están hermosas. Pienso en ti todo el tiempo. Mis ojos lloran por no verte. Vivimos momentos muy bellos. Mi hermana se casa en diciembre. Trata de venir cuanto antes. Te tengo siempre en mis pensamientos y en mi corazón. Aunque nuestros cuerpos estén separados, nuestros sentimientos están siempre unidos. Te mando miles de besos y mucho amor”

Yo escribo sin poder creer lo que estoy haciendo: era una carta con mucho sentimiento que comenzó a dictar con toda espontaneidad, sin disimular su amor, que definitivamente se notaba en sus expresiones. Y no tuvo problema de quedar así de expuesto. Terminada la carta preguntó qué podía hacer por mí. Por supuesto que no quería nada, pero él insistió. Me ofreció cosas de su negocio, un paseo guiado por Hawa Mahal, otro por el City Palace. Como vio que yo realmente no quería nada me explicó que ellos creen en el karma, y que cuando uno hace algo tiene que hacerlo desinteresadamente. Esa es la forma de librar el espíritu. Como yo había escrito esa carta de forma desinteresada, él quería hacer algo por mí, para equilibrar. Así que me preguntó cuál era mi color preferido y nos pidió que lo acompañaramos. Yo estaba encantada. Empezamos a caminar por callecitas medio escondidas, pasillos, más calles y seguimos dando vueltas. Finalmente terminamos en un taller de joyería medio oculto de donde trajo unos caracoles pulidos muy lindos que se usan para hacer collares.  “Con esto tu bolsillo nunca estará vacío”, me dijo. Y salimos otra vez al caos de la ciudad a buscar el regalo para mi papá.

3era historia. Eh amiga, un buen cuchillo por poca pasta!: Después de pedir indicaciones, comprar tobilleras, medirme zapatos, probar un fruto de agua muy rico y decir mil veces que no a todos los vendedores ambulantes, terminamos en la calle indicada donde todo tenía un aspecto más turístico. Bastó preguntar a dos vendedores por los famosos cuchillos para que todo Jaipur supiera qué andábamos buscando, así que todos tenían aunque fuese un tramontina que ofrecer. De repente apareció uno que parecía entender lo que yo quería y ni bien me escuchó comentar algo a Joao, me sacó la ficha. – Eh amiga argentina! Era indio, pero dijo tener un primo viviendo en Buenos Aires, en calle Arenales, y hablaba español bastante bien. Nos pidió que lo esperaramos pero ya después de un rato estábamos medio hartos así que ante la posibilidad de que nos fueramos sin haber comprado nada nos llevó él hasta la tienda. Evidentemente tenían mis cuchillos, aunque no se veían muy bien terminados. Me pidieron 800 Rp para acabar discutiendo el precio de manera eterna. Eso es algo que me molesta terriblemente: nunca se sabe cuál es el valor real de las cosas. Ya me había cansado de tanto dime y direte, con el agravante de que al hablar español el chico entendía todo y  Joao y yo no podíamos discutir en paz (es terrible como uno se acostumbra a la impunidad que da saber que nadie te entiende). Me harté y nos fuimos, dejando atrás al vendedor ofreciendo los cuchillos a solo 300 Rp. (menos de la mitad!!) al grito de: buen cuchillo por poca pasta!!!

Continuará…

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Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

5 ComentariosDejar un comentario

  • me había perdido tus historias por un par de semanas, porque me salio un viaje inesperado, me fui para Haiti como parte de mi gobienro y pues estuve perdido un tiempo, una forma diferente de viajar definitivamente.

    Que pasó con ese cuchillo, pudiste conseguirlo?

    Saludos

  • ya me parecía raro Velvet que no comentaras…que bueno lo de Haìtí, que bueno que hayas podido ayudar…
    Lo del cuchillo…vas a tener que esperar hasta el proximo post, que se viene si o si esta semana! jajaja besote y gracuas, como siempre.

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