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Comiendo vacas no-tan-sagradas en la playa de Arambol

Se me van terminando las vacaciones pero qué contenta que me siento. Cada vez que vengo al mar (a cualquier mar, pero donde el agua sea caliente y haga calor de verdad – eso prácticamente excluye toda playa argentina-) me doy cuenta de lo mucho que me gustaría vivir cerca de la playa. La vida cerca del mar es muy diferente, auque uno trabaje, se respira otro aire. Por eso me permito fantasear con Brasil, al norte… Es una idea que tengo en la cabeza desde hace mucho tiempo, creo incluso haberla hablado con Lala, Todo eso me levanto pensando después de haber dormido diez horas de corrido, por primera vez en este país. Todo el día hacemos playa y mucho antes de poder siquiera darme cuenta estoy otra vez con el agua hasta el cuello, feliz de haber venido, feliz de ser quien soy.

Por la noche el olor a pescado grillado inunda la playa. Para mi es olor a Belice, en eso me hace pensar. Qué lindo Belice… Igual un fiasco, porque esperamos más de una hora solo para darnos cuenta de que nuestro pedido todavía no pasó del mozo a la cocina, así que muertos de hambre cambiamos de lugar. Terminamos en un restaurante mucho más alejado donde muy para mi sorpresa tienen carne. Pedimos sin mucha fe y en menos de 15 minutos vuelve el mozo con dos platazos llenos de papa, ensalada y dos medallones de carne jugosa para cada uno. No me quiero arriesgar a decir que es lomo, pero sino es, se le parece bastante… impensable.

Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

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