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Veinticuatro horas en Atitlán

Nos quedan solo 2 días en Guatemala antes de ir hasta Honduras y decidimos visitar el Lago de Atitlán, que es muy grande. Salimos por la mañana si mucho equipaje, dejamos todo en el hostel. Tengo que admitir que estaba equivocada sobre este lugar. Si bien su aspecto no es el mejor, la calidad de su gente es lo que marca la diferencia. Raúl, el dueño, tiene el hostel sólo porque le gusta recibir gente. Es por eso que el lugar es tan barato. Además está al tanto de muchas cosas y siempre está dispuesto a ayudar. Tal es así que le pedimos de dejar nuestras mochilas por una noche, porque después vamos a volver a dormir y nos propone dejar todo en el cuarto hasta que volvamos, sin cobrarnos. Es realmente un lugar para quedarse.

 

Llegamos a Panajachel y se nos acercan muchos vendedores ofreciendo transporte y hotel a todos los pueblitos del lago. Son como un enjambre insoportable y nosotros tenemos un problema: no sabemos dónde ir. Así muy rápido optamos por San Marcos Laguna, porque es el mas barato y Ramón está interesado en curiosear unos centros de meditación que hay por ahí. Con mucho esfuerzo conseguimos negociar el precio de la lancha y salimos. El tema es que sabemos perfectamente que nos están pidiendo más de lo que cuesta, y estamos con la plata media justa, pero a ellos parece molestarle que nosotros sepamos que nos están pidiendo de más. Al final, hablando llegamos a un acuerdo. El paseo es alucinante. Tiene un aire a Bariloche, pero con calor. El color del agua es hermoso, y la tranquilidad que se respira también.

Lago Atitlán

Llegamos y empezamos a dar vueltas para buscar algo donde quedarnos. No tenemos mucha plata y el tema es que todo el pueblito tiene un mambo astral que cuesta un billete. Todos los hoteles ofrecen viajes holisticos, masajes, cursos de yoga. Lo que me gusta del pueblo es que no tiene calles, es un gran laberinto de pasadizos hechos con caña. Buscamos mucho, no encontramos nada hast que, perdidos ya en el laberinto, damos con un hostal que parece encantado. Nos dan un dormo en una especie de ático con vista al lago. Es muy calmo y tiene una vista hermosa. A la noche vamos a cenar al pueblo y comemos tamales riquísimos en la calle. Que pena que nos tengamos que ir mañana…

Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

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