Día 6. 4 de la mañana. Me despierto de un sacudón. El perro ladra desaforado porque acaban de llegar y yo me levanto a los tropezones y apago la alarma y aunque no tardo dos minutos en volver a mi cama algo le pasa a mi corazón. Respiro hondo. No se calma. Puteo al perro en voz baja...
























