Una sola idea me da vueltas en el cuerpo desde que empezó el encierro: qué suerte la mía. Qué suerte de jardín, que suerte ventanas. Incuso, más atrás: qué suerte de techo y de agua en las canillas y de trabajo que se mete y se saca de la mochila que ahora es la casa y quién sabe qué más. Suerte de verde, de pájaros, de cerco que da a una calle. Suerte de encierro sin rejas, de luz durante todo el día, de plantas que cuidar. Cuarentena día 7. Primer domingo.

Me despierto casi al mediodía con un grito de ausencia que destroza el calendario. No hay olor a asado. No hay olor a nada. Vacío. Como una madrugada de campo sin gallo que canta, como un recreo de escuela sin timbre que sonar. Me invade la nada y una sola solución: meto pollo y papas al horno y me quedo, como una adicta del olfato, pegada al calor comiendo domingo con la nariz. Aunque no haya mesa larga, aunque hagan qué se yo cuántos grados. Después saco el comedor al patio y almuerzo bajo los árboles por primera vez desde la pandemia. Un patrullero pasa y la mujer policía me mira fijo a través de sus gafas negras, de su barbijo negro, de lo negra que es esta soledad.

Hoy, por primera vez desde todo, sufro el encierro. Me muero por el río, por un paseo con Duma por el campo, por la gente que pasa y mira, y cómo me molesta a veces que miren pero hoy que no hay, hoy que ni fútbol, ni mates, ni bicicletas, hoy los quiero acá. Qué suerte la mía que lo que se me vuelve desierto son los árboles y no las paredes. Qué suerte la mía que tengo casa y silencio y una ansiedad semi controlada para ponerme a pensar.

A comienzos de 2020 el mundo entero se vio afectado por el coronavirus y en marzo la OMS declaró la pandemia. Parecía ciencia ficción, experiencia real. Los países empezaron a cerrar sus fronteras, colapsaron los sistemas de salud y, uno a uno, fueron declarando la cuarentena. Primero voluntaria, después obligatoria. Esta serie (que se inicia a mediados de marzo sin saber hasta cuando seguirá) recopila pequeñas anotaciones diarias de la cotidianidad del encierro. Son mis Diarios de Cuarentena, un registro de este evento mundial, desde la soledad de mi casa y mis pensamientos.


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Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

1 ComentarioDejar un comentario

  • Qué bien y hermoso escribís Laura!!!! Te sigo desde hace mucho. Es siempre una bocanada de aire leerte. Para cuándo el libro de Africa? (los otros ya los tengo!)
    A seguir cuidandonos entre todos. Esto ya pasará.
    Felicitas ( Mar del Plata)

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