A las 10 de la mañana el silencio era tanto que me pregunté si quizá la desesperación de la noche anterior no me había devenido en sordera. No cantaban ni los pájaros. A mi barrio lo había amanecido un día precioso pero ni el verde de las veredas le quitaba lo desierto. Día 5 de cuarentena.

Me pregunté si en algún momento la policía pasaría por acá a controlarnos las calles o si para eso también seguiríamos siendo el último confín del mundo. No me decidí por nada, así que opté por no desear. A las 11 desayuné. Lavé los platos de la cena anterior, levanté la ropa de la soga, tendí más ropa, me bañé. Me vestí como para salir aunque fuese nomás del baño al comedor, y esa sensación de ponerme linda, de usar mi ropa de linda así fuese para la intimidad de mi casa me dio algo de ánimo a pesar de la quietud. Se siente extraño todo. La rutina de mi casa sería la misma si no hubiese cuarentena pero este aislamiento mundial me lleva a modificarlo todo, a sentirme más sola, incluso, en la propia soledad. Pienso en cuánto nos necesitamos entre nosotros, pienso en cuándo pasará todo esto, pienso en cómo será. A las doce me siento a trabajar, con el almuerzo a medio armar y el primer sonido sólido del día. Mi perra ladra. A la nada misma, a la quietud, al desconcierto. Miro fotos de mis viajes. ‘De otra vida’, susurro. Me censuro. Aparece esta imagen. Es Etiopía, unos años atrás. Me la sacó Juan mientras yo sacaba otra que aparece más arriba, seguramente motivada por la luz y la sombra y la soledad. Estoy buscando material para otra cosa pero vuelvo a esta foto una, dos veces más. Se parece mucho a esto que estoy viviendo ahora mismo. El motor de un auto corta en dos la calle y me pregunto a dónde irá. Desde Caracas una amiga me da los buenos días y yo le meto un sorbo al té que se enfrío hace rato, pensando. Que todo esto sirva de algo, que pase pronto, que aprendamos, que no desesperemos en la tempestad.

A comienzos de 2020 el mundo entero se vio afectado por el coronavirus y en marzo la OMS declaró la pandemia. Parecía ciencia ficción, experiencia real. Los países empezaron a cerrar sus fronteras, colapsaron los sistemas de salud y, uno a uno, fueron declarando la cuarentena. Primero voluntaria, después obligatoria. Esta serie (que se inicia a mediados de marzo sin saber hasta cuando seguirá) recopila pequeñas anotaciones diarias de la cotidianidad del encierro. Son mis Diarios de Cuarentena, un registro de este evento mundial, desde la soledad de mi casa y mis pensamientos.


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Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

2 ComentariosDejar un comentario

  • Hola Laura, en qué ciudad estás ahora pasando la cuarentena??

    PD: te sigo con inconstancia, al igual que a Juan Pablo, y los admiro por todo lo que hacen. Vivo en Puerto Deseado donde tuve el gusto de conocerlo a él. Besos y espero tu respuesta.

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