Llegamos a Madryn algo cabizbajos, un poco desalentados por el desaire con que Patagonia nos había recibido, con largas esperas en la banquina, conductores que nos arrimaban de a centavos y poca simpatía en general. Dicen que para llamar la atención de alguien no hay mejor remedio que matarlo con la indiferencia, y esa es la táctica con que la ruta sureña nos estaba poniendo los puntos. Habíamos arrancado desde Mar del Plata con un plan soberbio, con la idea de recorrer esta región en una ambiciosa carrera maratónica, pero con poca experiencia en suelo austral. Bastaron unos pocos días para que empezáramos a dudar de nuestro esquema…

El programa que teníamos para la ciudad era sencillo: nos íbamos a hospedar en casa de Pato, un lector a quien aún no conocíamos, e íbamos a utilizar los otros dos días para conocer la península y Punta Tombo. Ya teníamos las excursiones arregladas con el operador con quien trabajé durante mucho tiempo, por lo que no teníamos que preocuparnos más que de ser dos simples turistas.

Ni bien llegamos nos encontramos con Patricio y allí surgió el primer imprevisto: una cañería rota le impedía darnos alojamiento, pero él ya había conseguido quien nos prestara un pequeño departamento en donde íbamos a estar muy cómodos. Pato es entrenador de básquet, ama el deporte y su profesión, “pero no puede con los dilemas morales”… Distinto de lo que hubiera podido imaginar, estos dilemas no son un simple tirón de orejas de la conciencia por formar parte de un mundo tan exigente y competitivo, sino una premisa con que Pato guía sus decisiones. Así, pese a sus óptimos resultado,s desertó de dirigir en primera al darse cuenta de que el talento no siempre es proporcional al éxito, y que como en todo ambiente hay quienes juegan limpio y hay quienes no tanto… Y ni que decir del tema económico, Pato señala “no entiendo cómo pueden ganar tanto y no sentirse culpables”. Por eso decidió dedicarse a los más chicos “que todavía tienen la inocencia para jugar con el corazón”. Nos instalamos entonces en el departamento que resultó ser para alquiler de turistas, y que aunque Pato nos juró y perjuró que lo había conseguido de prestado, me guardo mis serias sospechas…

Los días que siguieron nos dedicamos a las excursiones, camuflándonos con el resto de los pasajeros de contingente, y aprovechando la posibilidad de conocer todo eso que sin vehículo se hace medio difícil, más si se lo quiere hacer en un mismo día. Fue raro para mí estar del otro lado. Me pasé los últimos cuatro años de mi vida vendiéndole a turistas extranjeros excursiones y hoteles que yo jamás había visto, a excepción de Iguazú. Hay un mail que circula entre los agentes de viajes que dicen que uno es un gran actor, un gran psicólogo, adivino, meteorólogo, aviador, sommelier, orador, geógrafo, etc., etc. Es un chiste que nos hacemos a nosotros mismos para consolarnos de la realidad que la mayoría de los profesionales de turismo vive: tenemos que trabajar con productos que raras veces se conocen en su totalidad, y estar lo suficientemente capacitados para responder las más diversas inquietudes y cuestiones de los clientes. Por eso es importante viajar, experimentar en carne propia la experiencia, antes de mandar al matadero al pobre pasajero que antes de contratar nos preguntó acerca de las mareas, el apareamiento de las ballenas, la duración de la lluvia en Madryn (cosa de que si llueve más de lo que vos le dijiste te puedan pedir un reembolso), la estatura promedio de un pingüino, el humor de los lobos marinos, la ropa que llevar en la valija y una exhaustiva descripción del desayuno (también para poder quejarse si en vez de mermelada de durazno como vos le dijiste había sólo de ciruela). Una vez, no miento, me preguntaron de qué madera estaban hechos los muebles del hotel, antes de contratar. Así que pido disculpas al curioso lector que se zambulle en mis aventuras: esta vez se me hace imposible separar a la viajera de la profesional, a la teórica de la práctica, así que advierto que durante los próximos párrafos será usted testigo de una serie de reflexiones hechas con una mirada un tanto peculiar…

Los dos días de excursión fueron provechosos pero realmente cansadores. Después de la primer jornada en donde visitamos la península en casi toda su extensión necesitamos de un día entero para reponernos de los kilómetros de ripio, procesar la información de la guía, y ver todas las fotos que sacamos. Y después de ese día, derecho a Punta Tombo para necesitar una vez más de otro día para descansar de las vacaciones….

Al margen de la belleza que se desprende de un sitio natural tan particular como este, fue realmente enriquecedor contar con una guía apasionada por su trabajo, que nos enseñó datos muy interesantes sobre la fauna del lugar. Es curioso porque en esta ciudad uno tiene la sensación de que hasta debajo de la tapa del inodoro uno se va a encontrar con una ballena. La imagen está tan explotada que termina perdiendo un poco el encanto para volverse un ícono distintivo. Sin embargo la fauna de la región es muchísimo más  amplia e igual de interesante. Hemos visto especies sobre las cuales nunca había oído hablar, como maras o choiques, además de pingüinos, lobos marinos y elefantes. Para los que piensan que Madryn es solo ver colitas de ballenas saliendo del agua, acá les cuento algunas cosas que yo tampoco sabía:

  • los elefantes marinos, así tumultuosos y fofos como uno los ve, son animales que viven solos, excepto en épocas de apareamiento y que pueden realizar increíbles apneas a grandes profundidades,

  • la hembra sale a tierra para parir, y después de ¡5 días! ya está lista para copular y preñarse otra vez. Amamanta al cachorro durante cerca de un mes y pierde un tercio de su peso. Después de ese tiempo vuelve al mar a alimentars y el cachorro se queda solito, aprendiendo todo por instinto,

  • los pingüinos vuelven todos los años al mismo nido a aparearse con la misma pareja del año anterior, y se turnan para empollar,

  • los choiquies machos (un animal pariente del avestruz que nunca, pero nunca, sale en los folletos turísticos y que tiene toda la onda) son los que empollan y crían a los pichones y si ven a otros pichones solitos los adoptan,

  • los pichones se comunican antes de nacer para romper el cascarón todos juntos, el mismo día, y ser así menos vulnerables a los depredadores

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De más está decir que el espectáculo de las ballenas, tanto desde la costa (donde se ven impresionantemente cerca) como desde la embarcación, es algo impactante. Es inevitable sentirse ajeno, invasor, viendo como las mamás protegen a sus crías de esta suerte de cazadores fotográficos, que rara vez comprenden que es uno quien está de más y que el océano no es la casa central de Mundo Marino. Sepan disculpar si me excedo, mi visión del mundo no es toda negativa, es simplemente que en situaciones como esta comprendo que la especie humana está sobrevaluada, y no puedo evitar quitar mi vista de la naturaleza para criticar el comportamiento cavernícola del hombre civilizado.

En Punta Tombo fue mucho más notorio que es el hombre quien está de más. Desde un punto de vista técnico, se supone que si uno entra a un área natural reservada, o un Parque Nacional, debería existir lo que en turismo llamamos capacidad de carga, que no es ni más ni menos que la cantidad de visitantes que un destino puede soportar por día, sin comprometer su conservación a largo plazo. En este lugar no sólo que eso no se ve, sino que por el contrario, la explotación desmedida resulta aberrante. Por la módica suma de $12 uno puede ingresar a un área en donde viven cerca de un millón de pingüinos, entre adultos y pichones. Hay nidos por todas partes y existe un pequeño sendero por el cual uno debe transitar, sin salirse de los límites para no molestar a los animales. De más está decir que hay que hacerlo en silencio, y que no hay que acercarse más allá de lo que ellos se acerquen a nosotros.

 Muy linda la explicación, ahora pasemos a la realidad. Si ya de por sí esta zona se llena de gente, imagínense un fin de semana largo como el que fuimos nosotros. No es obligatorio ingresar con guía, por lo cual el control dentro del paseo se reduce a casi cero. La gente entra en caravana, al grito desaforado de: ¡Mirá, Marta: un pingüino!, corriendo detrás de los pobres animales, empleando cualquier recurso con tal de llevarse la foto conmemorativa (hemos visto gente aplaudirle al bicho en la cara, acorralarlo, gritarle), intentando tocarlos o, lo que es peor, incitando a sus pequeños niños a jugar con los pingüinos como si de un perro se tratara. Aberrante. Hubo quienes incluso quisieron agarrar un huevo “para ver cómo es”, o “de recuerdo”… ¿Resultado? Juan y yo peleándonos con medio contingente, amargándonos por los pobres animales a quienes lejos de proteger se los expone con un único fin comercial, que no hay que ser eximio para darse cuenta de que así, no va a durar para siempre.  Se que se hacen trabajos de investigación y que hay científicos estudiándolos con fines válidos, pero el stress al que someten los animales para que nosotros los humanos nos vayamos contentos es algo que me cuesta aceptar. No veo mal que uno pueda visitar  estos lugares, de hecho hubo momentos en que disfruté muchísimo porque muchas veces son ellos quienes se acercan y porque jamás había tenido pingüinos tan cerca. Y son hermosos, reconozco que uno siente una ternura con forma de abrazo impulsivo. Pero hay que ser conscientes e idear un plan para minimizar el impacto, para controlar a la gente y medir la cantidad de visitantes en un día. Si no, es lógico que esto tiene un corto futuro…y es una pena enorme.

 Se puede convivir en paz…

Por todo esto que contamos,  nuestra estadía en Madryn pasó de los 3 días planificados, a 5 días reales, que fueron posible no solo por el cansancio merecido de recorrer tanto, sino también por la cálida estadía. Del comodísimo departamento en que Pato nos había dejado, pasamos a la casa de Karina y su familia, amigos de Pato y miembros del universo basquetbolista. Una familia que a la hora de mudarse tuvieron como único requisito tener una habitación extra en la casa, para poder alojar a otros nenes que vinieran a practicar el deporte, y que ahora inauguramos nosotros dos en el rubro  de “no basquetbolistas”.  Estar en casa de familia nos da la posibilidad de sentirnos contenidos, de no extrañar tanto a los nuestros y de poder compartir desde la simpleza de un mate hasta un domingo de sobremesa. Y tan bien nos sentimos que se nos fuimos quedando un día más, y otro, y otro. A mí particularmente me gustó poder vivir de cerca un ambiente familiar que gira en torno al deporte. Eso es algo que en mi casa nunca tuve, y que en esta familia se vive de manera natural. Y aprendimos mucho, y disfrutamos.

Si uno normalmente se siente ligado a la gente con quien compartió una partecita de su vida, con la familia Laterza y con Pato esos lazos fueron un poquito más allá y tanto Juan como yo quedamos unidos a ellos, sabiendo que nos vamos a volver a ver, porque nosotros vamos a buscar esa oportunidad.  Citando a nuestro primer anfitrión en esta ciudad “La soledad se sufre más en las buenas que en las malas”, y por eso valoramos tanto que nos abran las puertas desinteresadamente, permitiéndonos compartir la felicidad es para nosotros poder vivir de esta manera. Nos queda pendiente verlo jugar a Nacho (promesa argentina del básquet a quien tuvimos el gusto de conocer en esta etapa tan importante), verlo viajar a Pato, y ver más viajeros en la casa de esta familia. Ya nos volveremos a ver…


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Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

2 ComentariosDejar un comentario

  • Lau: Me alegra mucho por vos que hayas podido tener una experiencia que antes se las vendias a otros.

    El mar
    Lugar donde encuentro
    Paz y tranquilidad
    Y en el.
    Seres majestuosos que
    Desde una temprana edad.
    Con sus dulces cantos
    Suavizan el alma de las personas.
    Llevándonos a bucear en ellas.
    Para conocernos a nosotros mismos.
    Descubrir nuestros defectos y virtudes.
    Lo que nos hace fuerte o lo que nos lastima
    Y así conociéndonos transitar la vida
    Aprender de ella.
    Y obrar de la mejor forma posible.

    Desde una habitacion en la joven Buenos Aires te dejo un besote

  • puerto madryn es hermosisisimo!
    y lo dice alguien que en estos momentos esta trabajando para una cadena de hoteles cinco estrellas en venecia, asi que… hace falta aclarar algo mas?
    bellisimas tierras
    espero poder pasarme pronto por alli
    saludos

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