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La decepción de Utila

Quería ir a Utila porque me habían hablado maravillas de sus playas…de las cosas hermosas que se podían ver haciendo snorkel, del ambiente, de todo eso que yo estaba buscando. Al parecer, no me lo habían dicho todo…

11:30 sale nuestro bus. Cuando lo veo venir me da risa…está todo destartalado. Camino de menos de 200 km lo hacemos 4 horas y media. Llegamos con el tiempo justo de tomar el ferry (que cuesta U$D 23 solo de ida, carísimo) y nos vamos a Utila. La hora que hacemos de viaje se me hace un poco dura, el movimiento es muy brusco y por ende la mitad de la gente esta vomitando. Según Ramón, este es el barco del infierno.

Tengo que decir que cuando llegamos la primer impresión no me gusta. Me esperaba algo mas como Caye Caulker, y esto es mas ciudad que otra cosa. Hay motos por todos lados, y como la gran mayoría de las construcciones están sobre el mar, no se ve playa alguna. Trato de no desesperar, pienso que la isla es muy grande. Buscamos alojamiento y se nos hace muy difícil: todo esta abierto para quienes quieren curso de buceo. Si no estas interesado, nadie te ofrece un cuarto. Horas después de esquivar motos con la mochila al hombro encontramos un pequeño hotel bastante feo pero con sabanas de Scooby Doo y Barnie. ¡No todo está perdido!

Venir a Utila fue un error, como consecuencia de la falta de información. A veces uno piensa que todas las islas del caribe son como uno se imagina a las islas del caribe…

Utila está urbanizada, no hay playas, ni palmeras, ni donde meterse al mar. Es un centro de buceo ideal, pero no va más allá de eso. Por eso, ponemos nuestro mejor empeño en llegar a Roatán.

Increíblemente no hay trafico regular entre las islas. Nos miran como si estuviéramos pidiendo un helicóptero hasta Mar Chiquita. Nos dieron el dato de un tal Ronnie y hay que encontrarlo a las 7. Allá vamos con la mochila, pero esperamos cerca de 1 hora y nada pasa.  Al final conseguimos a alguien que cobra U$D 55 por pasajero, pero solo a las 6:30 de la mañana. El resto cobraba entre 150 y 200 U$D porque sólo somos 2. Reservamos y nos volvemos a dormir. Al mediodía despedimos a Ramón, quien anoche confesó sentirse más atraído por otro itinerario sin tanta playa ni tanto apuro. Lo entiendo.

Vamos a la playa publica que es como una gran pileta. Una pena que la gente de acá sea tan descuidada… Hay paquetes de galletitas flotando en el agua, botellas vacías en la costa y cientos de chapitas oxidadas acechando en la arena. No nos dura mucho porque al rato se larga a llover y tenemos que volver. Espero que mañana el barco salga…

Laura Lazzarino

Soy Laura y desde 2008 vivo con mi mochila a cuestas, con un único objetivo: viajar para contarlo. Este blog es el resultado de mis aventuras a lo largo de +70 países. ¡Bienvenido a bordo!

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