Dicen que los libros no se prestan ni se devuelven y yo adhiero a esa teoría: tengo unos cuantos en casa que ya ni sé quién me los prestó, y sigo rastreando dos o tres títulos que misteriosamente desaparecieron de mi biblioteca. Yo soy de esas personas: las que piensan que los libros están para subrayarlos y marcarlos y anotarles cosas al margen, y después abrirlos un día cualquiera como quien no quiere la cosa y volver a encontrarse a uno mismo ahí, escondido en esas páginas. De esas, las que cargan libros sin medir pesos ni consecuencias, las que tienen libros apilados en la mesita de luz, arriba de la heladera, en el baño y en las mochilas, y guarda boletos de colectivo, señaladores varios y estampitas por monedas para señalar las páginas. Soy de las que piensa que dejar un libro en el camino será muy comunitario pero es un sacrilegio ─porque libro que se lee, libro que se atesora─. Sí, adivinaron, soy de las que lucharía en las primeras filas contra esa herejía posmoderna del e book y su liviana comodidad, porque no hay nada más lindo que oler un libro, sentir el peso de un libro, leer un libro sin un monitor de por medio.

Hecha la catarsis, sigue acá un post que vengo posponiendo más o menos desde agosto ─cuando una tarde aburrida me filmé recomendando libros de viajes y me llovieron los mensajes─. Esta es mi selección de libros recomendados para leer en 2018 (porque aunque los libros no se prestan ni se devuelven, sí se recomiendan). De algún modo u otro, todos tienen que ver con viajar. O porque se tratan sobre eso, o porque me hicieron viajar de un modo u otro con sus historias. Algunos son nuevos recién publicados, y otros más clásicos pero que nunca pierden vigencia.

(Como sé que no todos mis lectores son argentinos, y que la oferta varía mucho de país en país, los links de los títulos y las fotos llevan a una web que se llama Book Depository, que envía libros sin cargo a todas partes del mundo. Incluso en Argentina funciona muy bien). 

Un adivino me dijo, Tiziano Terzani

Voy a ir al grano: si pudiera elegir como quién quiero escribir, la respuesta sería una mezcla de él con la escritora que viene en la siguiente recomendación. Simplemente, adoro la simpleza con la que escribe y la capacidad de hacerte entrar en el relato sin vueltas. Terzani fue un periodista italiano que pasó buena parte de su vida en Asia, relatando sus viajes y peripecias con una minucia y un humor difícil de encontrar. Este libro en particular, es mi preferido. En 1976 un adivino le dijo a Terzani que en 1993 correría riesgo de morir, y que debía abstenerse de viajar en avión. Haciendo caso al presagio, el autor decidió pasar un año entero viajando solamente por tierra e investigando sobre magia, oráculos y astrología a lo largo y ancho de Asia. Desde esa perspectiva el autor se acerca a acontecimientos actuales, política y realidad del continente. Además de salvar su vida, el resultado es un libro por demás de interesante lleno de secretos, misticismo y una mirada preciosa sobre Asia. Por algún motivo que todavía no logro comprender, Terzani no fue muy difundido en lengua española, y este libro está agotado en nuestro idioma. El link al título lleva a la versión en inglés (asumo que habrá más lectores que hablen inglés que italiano) pero si se quieren aventurar en la edición original, pueden conseguirla acá.

Café Europa, Slavenka Draculic

Desde hace tiempo tengo la costumbre de husmear las librerías cuando visito otro país e intentar descubrir joyas locales al margen de las editoriales multinacionales. Así fue como di con Slavenka. Conseguí su libro husmeando en una librería en Duvrovnik, Croacia, y la contratapa del libro me atrapó por completo. Con una prosa sencilla pero muy lograda, la autora parte de simples hechos cotidianos para profundizar en los aspectos más trascendentales del comunismo en Europa del Este. Sus crónicas en primera persona están cargadas de humor, pero también de una mirada crítica y profunda al régimen. Leerlo antes de viajar a la ex Yugoeslavia es una motivación para descubrir los resabios de esa época histórica; leerlo después, una manera de comprender mejor el viaje vivido (y de aumentar las ganas de volver). De nuevo, el link va en inglés porque este libro no se consigue en español, pero lo recomiendo de todos modos porque se lee muy fácil. El vocabulario es sencillo, las oraciones cortas y las ideas para nada rebuscadas.

Ébano, Rizard Kapuscinski

Recibí este libro como un regalo especial, mucho antes de saber quién era Kapuscinski (y muchísimo antes de imaginar que un día yo también viajaría a África). Lo empecé a leer sin referencias y me atrapó al instante. Kapuscinski no viaja a África como un turista sino que se mete hasta las entrañas de las situaciones, viviendo en los barrios más populares de los países que visita y experimentando en primera persona muchos de los dramas y situaciones con los que convive la gente local día a día. Kapuscinski se entrevista con altos líderes africanos pero también sufre malaria, recurre a pociones mágicas para evitar que le roben otra vez, lucha contra la sed en un desierto que amenaza con matarlo y sobrelleva como nadie el modo en que el tiempo corre en el continente negro. Un libro lleno de historias, supersticiones, revueltas políticas y preguntas que terminan por resumirse en una simple y compleja a la vez: ¿existe “África” realmente? Indispensable para todo aquel que sueñe con viajar a África.

La caída de Bagdad, Jon Lee Anderson

“Explico la historia de la fragmentación de la sociedad iraquí, el fin de la tiranía de Sadam Husein y el encontronazo de Estados Unidos con un país que desconoce profundamente”, dijo una vez Anderson sobre su obra. Así que empecemos aclarando: este no es un libro de viajes (y a simple vista puede que no resulte muy tentador; es un libro muy largo y el precio no es para nada amigable). Pero ─sí, acá viene un gran pero─ vale cada peso y cada una de sus más de 500 páginas. Esta obra maestra del reportaje, donde se cuenta la vida cotidiana de los iraquíes que acaban de sobrevivir al régimen, es intensa, está cargada de detalles y de adrenalina, y arroja un manto de luz a un suceso de nuestra historia bastante manipulado por los medios. Y es tan pero tan bueno, que además de leerse fácil, te deja con ganas de más (y sí, he llegado a decirle a Juan que quería conocer Bagdad después de leer ese libro). El link que dejo es a la obra en inglés (el que encontré en español valía casi 60 U$D). Si lo ven husmeando en alguna librería, no lo duden.

El antropólogo inocente, Nigel Barely

Lo que se suponía debía ser un estudio de campo de un antropólogo graduado en Oxford sobre las costumbres y tradiciones del pueblo dowayo en Camerún, terminó siendo uno de los libros más desopilantes de antropología que alguna vez se hayan escrito. Motivado a conocer a fondo al pueblo dowayo y a las razones por las que se resistían a adaptarse a toda normal social, Barely se instala en una choza de barro en el corazón de la aldea. No tardará en descubrir la enorme brecha que existe entre la teoría y la práctica ─y tampoco se esforzará por disfrazar esa realidad─. Todo lo contrario: Barely escribe con franqueza y mucha irreverencia sobre los contratiempos, burocracias, diferencias culturales y calamidades varias a las que debe enfrentarse en su día a día. Si bien no es un libro de viajes, Barely termina padeciendo su rol de blanco y extranjero en un entorno que no le es familiar, y es inevitable sentir empatía por su personaje.

Larga distancia, Martín Caparrós

Un clásico de la literatura de viajes contemporánea, Caparrós reúne en este libro un conjunto de crónicas filosas, donde todo el tiempo se percibe el ojo minucioso y entrenado del autor para poder ver más allá de lo que se muestra y hacer de cada detalle un descubrimiento revelador. Desde la lucha de los cocaleros en Bolivia hasta las tramas que se tejen entre poder y religión en Haití, este libro lleva al autor y al lector por un viaje que recorre no sólo diferentes países sino también distintos géneros. Escritos entre finales de los ´80 y principios de los ´90, los textos mezclan datos objetivos con la mirada filosa ─muchas veces irónica─ del autor, dejando a la luz contradicciones de nuestros tiempos y hasta de los propios protagonistas. Un libro que, además de encantarme, me motiva como viajera y como escritora: ojalá pudiera mostrar mis viajes del modo en que lo hace Caparrós.

Fredrika en el paraíso, René Vázquez Díaz

Compramos este libro en las famosas Librerías del Sur, en Caracas, durante nuestro viaje por Latinoamérica. No teníamos nada para leer ─todavía no habíamos sucumbido ante el vicio del celular─ y estaba bastante barato. Nunca nos imaginamos el hallazgo con el que acabábamos de dar. “Fredrika en el paraíso” es una novela histórica que narra las aventuras y desventuras de la escritora sueca Fredrika Bremer y su paso por la Cuba de la esclavitud y los lujos de la clase alta en el año 1851. Tanto el retrato que se hace de la escritora como del país están muy bien logrados y uno se zambulle en la historia casi sin darse cuenta, viajando por una Cuba que ya no existe de la mano de una mujer extraordinaria. Fredrika tiene un carácter revolucionario: es soltera, amante de las letras, cuestiona realidades injustas y además se atreve a viajar sola frente al qué dirán. Lamentablemente no es un título muy divulgado (más razones para atesorar ese ejemplar que guardo en la biblioteca pegado con cinta aislante para carpas). Donde lo vean, no lo duden.

Un mapa en la cabeza, Ken Jennings

Este no es un libro sobre viajes sino sobre mapas. El autor ─ganador de un famoso concurso de preguntas y respuestas de EEUU por su afición a la geografía─ divide en capítulos conectados pero bien diferenciados entre sí. En cada uno aborda los mapas desde perspectivas distintas: desde los primeros de los que se tienen registros hasta el GPS, pasando por Google Maps, geocatching y experimentos cartográficos para resolver el mundo que finalmente no prosperaron en el mercado. Un libro cargado de anécdotas, curiosidades y datos de color, que no tiene desperdicio y al que no le falta el humor. (Si leés este blog desde hace mucho, seguramente leíste el fragmento de este libro que publiqué en mi post “Mapas”. Y si sos de los míos y subrayás todo lo que te interesa, prepara el lápiz. Este libro no da tregua).

Viaje a la Tierra de los Pelos Lacios, Dan Lande

La mejor publicidad podría hacer, es decir que hacía rato que no me reía tanto con un libro en la mano. Y es que Dan ─un viajero que sorprendentemente no tiene un blog pero sí una cabellera colmada de rulos─ tiene la capacidad de meter al lector en sus historias y llevarlo con él a través de las situaciones más variopintas a lo largo de su viaje por Asia, continente en donde reinan las pelos alisados. Dan se hace pasar por un antropólogo para intentar infiltrarse en una excavación, se corta el pelo en una universidad de peluqueros, se enamora de una joven que toca el tambor, se hace amigo de un vagabundo y termina haciendo de extra en un videoclip. Lo que más me gusta del autor, sin embargo, es la capacidad de volcar al papel ─con mucha astucia y humor─ situaciones cotidianas de los viajes que para muchos de sus pares pasan desapercibidas y que, sin embargo, conforman el día a día al que cualquier viajero se debe adaptar. El libro es un proyecto independiente, y se puede comprar personalmente en Buenos Aires o por correo. Consulten en este mail: laboussolepalermo@gmail.com

Guachipira va de viaje, Arianna Arteaga Quintero

Porque muchos de ustedes tienen hijos, sobrinos o amigos con hijos (y porque yo creo que el amor por los viajes, la curiosidad por lo distinto y el amor por los libros son cosas que se deben cultivar desde pequeños) va esta recomendación. “Guachipira va de viaje” es un libro infantil escrito por mi amiga venezolana Arianna, que narra la historia de Guachipira, una colibrí que debe emprender un viaje para conseguir el ingrediente de una poción mágica que ayudará a su familia. Durante el viaje, Guachipira conocerá amigos, deberá enfrentar obstáculos y aprenderá muchas cosas ─tal como sucede en todos los viajes─. Con ilustraciones hermosísimas, Guachipira es un hermoso regalo para los más chicos.

 Si llegaste hasta acá sin haber visto la story los invito a que te sumes a mi cuenta de Instagram. Subo fotos de mis viajes (ahora estoy subiendo de África) pero en las stories la deliro con mi vida cotidiana y me divierto un montón.

  Si quieren recomendar o agregar algún libro a la lista, comenten acá abajo.

  Si no tenés idea de que yo también escribo y vendo mis libros (y con eso sigo bancando mis viajes y la vida misma, digamos) podés darte una vuelta por la sección de libros o completar este formulario. Mandamos a todo el mundo, los libros salen envueltos con mucho amor y si querés una dedicatoria, también podemos hacerlo.

Gracias por estar del otro lado.

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Laura Lazzarino

10 ComentariosDejar un comentario

  • Yo agregaría sin dudas Caminos Invisibles y Vagabundeando. Son poesía viajera, ninguno de los dos me duró mas de una semana y son con los que me inicié a la literatura de viaje. Te transportan al lugar que se narra y fueron los culpables de varias noches de insomnio post lectura imaginando los viajes que quiero realiza.
    pd: Espero con ansias los libros de África!

  • Gracias por el post seguro voy en busca de los libros!!! Yo agregaría a la lista “Un viejo que leía novelas de amor” del Chileno Luis Sepúlveda, es el libro q lo lees en un día y q te entristece q termine, la historia se desarrolla en el selva ecuatoriana.
    Y si hablamos de la simpleza al escribir y la facilidad de meterse en la historia pues este es un buen libro!! Saludos!!

  • Concuerdo 100% con vos! No hay nada mas lindo que un libro impreso donde c/u pueda marcar las partes que mas le gusten.
    El primer libro que lei sobre viajes fue vagabundeando por el eje de mal, me gusto tanto que se lo recomende a todo el mundo y desde ese dia siempre que veo un libro de viaje lo compro.
    Libros de viaje que recomiendo: Correr con los keniatas, Paris era una fiesta, Atrapa tu sueño, Dias de viaje, Diarios del Vocho, Cine a la interperie, De viaje por Europa del Este…

  • Memorias de Africa, de Isak Dinesen. Nunca he puesto un pie en Africa pero desde que lo leí por primera vez me dieron ganas de ir a Kenia por la forma en que la escritora describe los paisajes y las costrumbres de los nativos.

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