Lo supe desde el momento en que puse en pie en la ciudad: Valparaíso no iba a pasar desapercibida. Así como Reykjavík, Medellín o Lisboa, Valpo me entró derechito por los ojos y se instaló en mi cuerpo ni bien di los primeros pasos. Revuelta, colorida, bohemia, rebelde. Así fue mi primera impresión de la ciudad de los 42 cerros y e infinitos murales. Pablo Neruda, quien le robó más de una tarde de inspiración, la definió mejor que todos: “Valparaíso, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida…” Pero el poeta no fue el único artista que decidió dejar su huella en la ciudad. Basta con adentrarse en sus calles para toparse con un museo a cielo abierto, vibrante y, lo que es mejor, vivo. Ya sea en los cerros (Concepción y Alegre son los mejores ejemplos), trepando por algunas de sus escaleras o visitando los Paseos Yugoslavo, Gervasoni y Atkinson, los murales de Valparaíso derrochan razones para coronarse como una de las mejores ciudades del mundo para ver arte callejero. En este post, los motivos por los que creo que el arte urbano o streetart es lo mejor que le puede pasar a una ciudad, y las fotos para que se convenzan.

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1. Los murales cumplen una función más que decorativa

Nunca comprendí por qué algunos gobiernos (y algunos ciudadanos también) se empecinan en catalogar el Street art como vandalismo. Bien entendido, el arte callejero es un instrumento de transformación positiva que sirve no sólo para dar identidad a una ciudad, sino que además revaloriza su patrimonio. Los murales de Valparaíso es el ejemplo perfecto: en el año 2003 UNESCO declaró el casco histórico de la ciudad como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los murales que se desparraman a lo largo de la ciudad embellecen la zona y captan la atención de todos. Para los viajeros, los grafitis hacen que uno camine a paso lento, se detenga decenas de veces a fotografiar las obras, y aprecie mucho más el ambiente del lugar. Para los locales, un mural es siempre una interpelación, un llamado. Se puede haber doblado cientos de veces por la misma esquina, pero el día en que un mural aparezca en ella, será inevitable pararse a mirar, prestar más atención, disfrutar más de la misma ciudad de siempre.

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2. El StreetArt pone al arte al alcance de todos

Los murales convirtieron al casco histórico de Valparaíso en un museo sin techo, accesible para cualquier persona que camine por sus calles. No hay que trasladarse a ningún sitio, ni pagar ninguna entrada, ni tener conocimiento de nada para poder disfrutar de estas obras de arte que se encuentran en todas las esquinas. Los grafitis están ahí, para que todos puedan apreciarlos libremente e interactuar con las obras, sin importar las clases sociales. Es un arte “nacido en las calles”, que permite que aquellos que de otra forma no tendrían acceso al arte lo descubran.

Los murales de Valparaíso ponen el arte al alcance de todos

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Los murales de Valparaíso derrochan expresividad

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3. El arte urbano no tiene límites… (o los buenos artistas han aprendido a saltearlos)

Las paredes tienen un límite, sí, pero ¿por qué encerrarse en ellos? ¿Por qué no integrar las obras a los accidentes físicos, a las grietas, a la imperfección de la realidad? ¿Y por qué pintar sólo paredes cuando el paisaje urbano está lleno de puertas, escaleras, columnas y hasta huecos?

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Murales de Valparaíso desde otra perspectiva

4. …ni siquiera en sus campos de expresión

Puede que a simple vista muchos murales retraten paisajes cotidianos, arbitrarios o fundados en el gusto del autor. Pero si se mira más de cerca, es muy sencillo encontrar obras que pronuncian una dura crítica a la sociedad, mensajes políticos, reflexiones históricas y hasta expresiones puramente sexuales (Valparaíso tiene muchas de este último tipo), y que golpean de lleno al espectador. Es como si las paredes hablaran, literalmente. Simplemente, no se las puede pasar por alto.

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5. Se devela el misterio del artista

El momento de creación pasa de un plano privado a uno público, el artista se baja de un pedestal, muestra su arte a cualquiera que lo encuentre trabajando. Y la transformación se hace viva…

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Boceto de uno de los murales de Valparaíso

Artista pintando uno de los murales de Valparaíso

Este viaje a Chile fue parte del proyecto #3TravelBloggers y contó con el apoyo de Avianca. Mantengo total control de lo que escribo (aunque a veces escriba descontroladamente). Si querés ver el capítulo que filmamos durante esa estadía (donde aparezco hablando sobre los mascarones de proa!) acá lo comparto. Y dejo también los links al blog de Juan y al de JL Pastor, mis compañeros en este viaje, para que puedan leer sus textos también.

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Laura Lazzarino

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