Todos los viajeros tenemos algo de coleccionistas. A algunos les da por los sellitos en el pasaporte, a otros por los Parques Nacionales, a otros por los suvenires. Hay algo estúpidamente gratificante en tachar ítems de la lista, en acumular aun cuando lo que se acumula es imposible (porque el Parque Nacional no te lo llevás a tu casa, y porque no hay heladera que alcance para todos los imanes chinos del mundo). Esta reflexión está muy lejos de ser una crítica: yo soy una de esas. No pongo parches en la mochila, pero calculo estratégicamente donde me tienen que sellar en la aduana para que el pasaporte me quede más lindo. Y no me matan los Parques Nacionales, pero los Patrimonios de la UNESCO son mi debilidad. ¿Por qué? No sé, no tiene mucho sentido, pero lo primero que hago cuando sé que voy a visitar un país es mirar cuántos sitios patrimonios tiene, y cuáles son los que puedo visitar.

Me sorprendí mucho al leer que, más allá de UNESCO y de cualquier entidad internacional, el propio gobierno serbio había hecho una lista de siete maravillas nacionales arquitectónicas, y de otras siete naturales. La selección, que se llevó a cabo entre 2007 y 2008, tuvo como objetivo rescatar el patrimonio más relevante, pero también impulsar el turismo y dar a conocer una cara distinta del país. Que cada vez que alguien se pregunte qué ver en Serbia, haya una lista de recomendaciones. La iniciativa me pareció interesante y, siendo que estábamos en un viaje de desafíos, me propuse conocer todas las que me fueran posibles. Acá va la lista. De las 7 que son, pude conocer las primeras 4. Nada mal, ¿no?

1. Fortaleza de Belgrado

Supongo que con sol, todo es más lindo en la vida, ¿no? Bueno, nosotras no tuvimos esa suerte, y los casi 4 días que pasamos en la ciudad, llovió como el arca de Noé. Eso no hizo que nos quedáramos adentro, claro que no, y con paraguas prestados y mucha paciencia, salimos a recorrer la ciudad. Sabrán disculpar si las fotos no son las mejores…

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La fortaleza de Belgrado consiste en la vieja ciudadela rodeada de muros y el parque Kalemegdan,  y es el punto perfecto para ver la unión de los ríos Danubio y Sava. Aunque no se tienen datos preciso de cuándo fue construida, la primera mención que se hace de la misma data del siglo III a.C. Aquí nació la ciudad de Belgrado y aquí se libraron una decena de batallas por las que pasaron romanos, turcos y eslavos, entre otros. Hoy es un sitio de recreación, el punto panorámico perfecto, y el hogar de la “desterrada” estatua “La Victoria” (para mí, la mejor parte del paseo).

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Resulta que esta imponente escultura representa a un soldado desnudo, con la espada sobe el piso, mirando al horizonte. Escuché varias versiones sobre los motivos de su creación, así como varias interpretaciones de la escultura. Algunos dicen que la obra conmemora a los países victoriosos en la Primera Guerra Mundial, otros que el soldado representa la victoria Serbia sobre el Imperio Otomano y Austro-húngaro en la guerra de los Balcanes y, eventualmente, en la Primera Guerra Mundial. Los primeros le adjudican la desnudez a la intención de no esculpir ningún uniforme: el soldado es, simplemente, un soldado. La espada sobre el suelo es una señal de paz: todo aquel que venga a Serbia sin malas intenciones será bienvenido. No sé qué de cierto hay en todo esto ni cuál es la versión que mejor refleja la historia de la estatua, porque lo mejor no radica ni en lo bello de la obra de arte, ni en el motivo de su creación, sino en lo que vino después: se suponía que “Víctor” iba a ser emplazado en la Plaza de la República, frente a uno de los hoteles más antiguos de Belgrado. Pero su desnudez indignó tanto a las damas de la sociedad, que tras el escándalo lo mandaron a poner en un sitio donde nadie pudiera ver sus partes impúdicas. Hoy la cola de Víctor es una de las fotografías más tomadas de la ciudad, y el porte de su espalda, uno de los emblemas más reconocibles de Belgrado. Eso sí, para verlo de frente, habrá que probar con un dron…

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– Desde el centro de Belgrado se puede llegar a la fortaleza a pie. Nosotros la visitamos como parte de un Free Walking Tour (a volutad, dejen algo de propina!) que recomiendo. 

2. Šargan Eight

Supongo que debe ser porque los trenes en Argentina son contados y yo tengo una idealización cuasi romántica de todo lo que tenga que ver con vías, locomotoras y chu-chu, que viajar en tren me encanta. Sin embargo, no soy muy amiga de los trenes montados para el turismo. Por eso cuando llegamos a Mokra Gora (íbamos en busca de Kusturica) y surgió la posibilidad de montarse en el Šargan Eight, lo dudé. Tenía miedo de ser parte de un espectáculo vacío. Por suerte, estaba equivocada.

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El Šargan Eight es un tren histórico de trocha angosta (760 mm) y locomotora a vapor que debe su nombre a la figura que forman las vías vistas desde el cielo. Un ocho entre las montañas que une el pequeño pueblo de Mokra Gora con la estación de Šargan Vitasi. Ya de por sí, el proyecto es singular: la idea de un trazado con esta figura sirvió para sortear los 300 m de diferencia entre las estaciones. Pero más allá de esta particularidad, su historia está rodeada de mitos.

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Cuando el famoso profeta serbio Mitar Tarabic predijo, a fines del siglo XIX, que una ruta de hierro atravesaría el pueblo de Mokra Gora, nadie supo que pensar. Mucho menos, cuando el adivinador se apresuró en aclarar que en esa ruta no viajaría gente a por trabajo, sino por pura diversión. Hoy, más de 100 años después, sus palabras tienen más sentido que nunca.

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Fue bajo el mando del Imperio Austro – Húngaro que se comenzó, en 1916, con el trazado de la línea. Pero luego de construir los primeros 9 km, una de las montañas donde se estaba cavando un túnel colapsó, y cerca de 200 presos italianos y rusos murieron en el accidente, lo que puso fin al tren. Durante la Primera Guerra Mundial, el Reino de Serbia, Croacia y Eslovenia retomó la construcción, y le ofreció a un ingeniero austriaco, preso de guerra sentenciado a cadena perpetua, hacerse cargo del proyecto a cambio de liberarlo de su condena. El hombre aceptó el trato, pero cuando los trabajadores que cavaban el túnel a ambos lados de la montaña Šargan no se encontraron en la mitad, el ingeniero no soportó la presión y se suicidó de un disparo. Una pena, porque esa misma tarde su sucesor descubrió que se trataba de un simple error de cálculo, el túnel se cavó con éxito y, en 1925, el tren comenzó a funcionar y determinó una conexión directa entre Belgrado, Sarajevo y Dubrovnik.

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En 1974, el gobierno de Yugoslavia puso fin a la vida del Šargan Eight, por considerarlo una pérdida económica. No importó su valor histórico, ni lo aislado que quedaría el pueblo sin su tren. Las mujeres se vistieron de luto, y todos los habitantes de Mokra Gora se reunieron para agitar sus pañuelos y despedir al tren en su último viaje.

A fines de los ´90, sin embargo, alguien recordaría nuevamente las profecías de Mitar. Luego de mucha presión por parte de los habitantes del pueblo y de grupos amantes de los trenes, la reconstrucción se puso en marcha. Hoy, y tal como lo vaticinara el adivino, el recorrido Mokra Gora – Šargan Vitasi es una de las maneras más nostálgicas de apreciar la naturaleza del valle.

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Pero si el paisaje y la historia no fuesen suficientes, la forma en que logramos subirnos al Šargan Eight es lo que hizo de esta maravilla, mi preferida: este fue el primer tren al que le hice dedo en mi vida. Fue una especie de trenstop chamuyado (obviamente uno al tren no lo frena con el pulgar) porque cuando llegamos a la estación y quisimos comprar nuestro pasaje, nos encontramos con que el tren regular no estaba funcionando. En cambio, había una locomotora original con sus vagones, restaurados y llenos de griegos que, como miembros de un club de amigos de los trenes, habían reservado toda la formación para ellos solos. Conversamos, rogamos, pedimos, suplicamos. Le contamos al maquinista, al guarda y a los guías que siempre hacíamos dedo, que queríamos escribir sobre el tren, que no habría otra oportunidad. Y justo antes de que sonara el silbato, nos dijeron que sí. Sin saberlo, terminamos subidas a uno de los trenes que todavía quedaban en pie de aquellos primeros.

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– Para llegar a Mokra Gora desde Belgrado hay que viajar hasta Ucize (se puede ir en tren o en bus, en tren es más barato) y después tomar un bus que llega hasta el pueblo. Las frecuencias no son buenas, y por eso nosotras hicimos dedo desde Ucize. Llegamos muy rápido.

– El Šargan Eight sale entre dos y cuatro veces al día (dependiendo la temporada) y vale 4 euros. En esta web pueden consultar los horarios. 

3. La Municipalidad de Subotica

Al norte del país y bien cerca de la frontera con Hungría, se encuentra Subotica, la ciudad serbia con mayor cantidad de edificios construidos en estilo Art Nuveau. Este movimiento (también conocido como modernismo) nació entre el SXIX y el SXX como una búsqueda de romper con los cánones artísticos ya existentes. En la búsqueda de una nueva estética, se puso foco en la naturaleza y en sus formas, y se propuso socializar el arte para que todos pudieran disfrutar de su belleza. Bajo este concepto, el modernismo se avocó no sólo a la pintura o la escultura, sino también a los objetos cotidianos como muebles, joyas, cerámicas, lámparas, etc. La arquitectura fue una de las ramas que más se exploró.

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Durante este período Subotica era parte de Hungría. Conectada de manera directa con Budapest, la ciudad recibió toda la influencia de las nuevas corrientes. El Art-Nuveau encontró en Subotica un lugar donde explayarse. La Municipalidad, que sigue funcionando en la actualidad, fue construida entre 1908 y 1910. Su torre (a la que se puede acceder por muy poco dinero y una infinidad de escalones) tiene 76 metros, y domina el resto de la ciudad.

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Entiendo que al momento de elegir una construcción representativa, la Municipalidad haya sido la mejor opción: es un edificio público, está bien mantenido, y sigue cumpliendo las funciones con las que se creó. Pero si se me permite una pequeña discrepancia, creo que todo el casco histórico de Subotica es una maravilla en sí, y que hay otros edificios mucho más lindos que la Municipalidad.

Este es el Palacio de la familia Ferenc Raichle. Aunque hoy funciona como museo y centro cultural, en sus inicios fue la vivienda de la familia. La entrada es gratuita. Además del estilo interior, se pueden ver fotografías tomadas durante la construcción.

Este es el Palacio de la familia Ferenc Raichle. Aunque hoy funciona como museo y centro cultural, en sus inicios fue la vivienda de la familia. La entrada es gratuita. Además del estilo interior, se pueden ver fotografías tomadas durante la construcción.

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Este es el edificio del Banco de Ahorros de Subotica. En la parte de arriba son departamentos de viviendas.

La Sinagoga de Subotica es mi construcción preferida. Aunque fue levantada en el año 1902, y es la única sinagoga en toda Europa que contiene elementos de Art Nuveau. Tiene una capacidad para 1600 personas.

La Sinagoga de Subotica es mi construcción preferida. Aunque fue levantada en el año 1902, y es la única sinagoga en toda Europa que contiene elementos de Art Nuveau. Tiene una capacidad para 1600 personas.

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, la población judía sobreviviente en Subotica era muy pequeña para poder mantener las instalaciones de semejante edificio. Poco a poco el edificio fue quedando en ruinas.

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, la población judía sobreviviente en Subotica era muy pequeña para poder mantener las instalaciones de semejante edificio. Poco a poco el edificio fue quedando en ruinas.

En 1976, la Sinagoga pasó a ser propiedad de la ciudad. A finales de los 80, fue utilizada como teatro, hasta que finalmente quedó en desuso.

En 1976, la Sinagoga pasó a ser propiedad de la ciudad. A finales de los 80, fue utilizada como teatro, hasta que finalmente quedó en desuso.

Aunque las puertas al público están cerradas, nosotras tuvimos la suerte de encontrar a algunos de los obreros que trabajan en la lenta restauración del edificio. Bastó mostrarles las cámaras para que nos dejaran pasar.

Aunque las puertas al público están cerradas, nosotras tuvimos la suerte de encontrar a algunos de los obreros que trabajan en la lenta restauración del edificio. Bastó mostrarles las cámaras para que nos dejaran pasar.

Por dentro, el lugar es realmente maravilloso...

Por dentro, el lugar es realmente maravilloso…

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– Para llegar a Subotica desde Belgrado hay buses y trenes (se tarda entre 3 y 4 horas). La ciudad se puede recorrer en un día. Pueden visitar la web de la ciudad para más información.

4. El Templo de St. Sava

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“Cuando nosotros queremos que alguien nos crea lo que decimos, juramos por St. Sava. No hay nada más sagrado para el pueblo serbio”, me aseguro nuestro guía. St. Sava fue el primer arzobispo del país y el fundador de la Iglesia Ortodoxa Serbia (la sexta más grande del mundo, y la segunda más antigua después de la de Bulgaria). En lo que respecta a su construcción, El Templo de St. Sava es la iglesia ortodoxa más grande de Europa, y uno de los símbolos de Belgrado.

Su construcción inició en 1935, sobre el sitio donde descansan los restos del santo, incinerados por los turcos otomanos. Desde entonces, el templo sigue en obra, financiado exclusivamente por donaciones.

Es imposible saber cuándo el Templo de St. Sava estará finalmente terminado, y aunque el trabajo pendiente es mucho, el interior de la iglesia impacta por su enormidad desnuda. Por fuera, su hermosura el evidente.

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5. Monasterio de Studenica

Ubicado en el corazón del país, este monasterio fue fundado en el año 1190. Se destaca por sus frescos de arte bizantino de los siglos XIII y XIV los que, junto con su arquitectura, le valieron el reconocimiento de UNESCO como de Patrimonio de la Humanidad, en el año 1986.

Foto: Wikipedia

Foto: Wikipedia

Foto: Wikipedia

Foto: Wikipedia

– Para llegar al Monasterio de Studenica, también hay que viajar hasta Ucize (se puede ir en tren o en bus, en tren es más barato) y después tomar un bus que llega hasta santuario. (Si se organizan bien, pueden visitar esta maravilla y el Šargan Eight en el mismo viaje).

– Pueden obtener más información en la web del monasterio (está en serbio pero no se asisten, Google Translator hace automáticamente un trabajo bastante aceptable)

6.Ruinas de Gamizgrad-Romulina

Uno de los yacimientos más importantes de la época tardía romana en Europa, Romuliana fue un palacio imperial construido por el emperador Galerio en el SIII d.C. y nombrado en honor a su madre, quien fuera una sacerdotisa pagana. El complejo de templos y palacios funcionó como sitio de adoración a Romula, como monumento a los logros del emperador, y como lugar de retiro de Galerio.

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– Para llegar a las ruinas, hay que tomar un bus desde Belgrado hasta la ciudad de Knjaževac y desde allí combinar con otro hasta Gamzigrad.

7. Monasterio de Visoki Dečani

Técnicamente, esta maravilla no está en Serbia, sino en Kosovo (país reconocido por la mitad del mundo, y que Serbia sigue reclamando como propio, aunque ya no tenga injerencia gubernamental sobre el mismo). Personalmente, soy de las que apoya la independencia kosovar, pero como esto es un artículo sobre las maravillas de Serbia elegidas por los serbios, no puedo dejar de mencionarla.

Visoki Dečani es un monasterio construido en el año 1327 por el rey serbio Stefan Uroš III Dečanski. Cuando unos años más tarde el rey falleció, sus restos fueron enterrados allí y el monasterio se convirtió en un lugar de culto.

En el año 2004 UNESCO lo incluyó en su lista de Patrimonios de la Humanidad aludiendo a que sus frescos eran “uno de los ejemplos más valiosos del llamado renacimiento paleólogo en la pintura bizantina” y “un valioso documento de la vida en el siglo XIV”. En 2006, fue añadido a la lista del patrimonio en peligro debido a los potenciales ataques por los fanáticos independentistas. Está protegido por las fuerzas KFOR de las Naciones Unidas.

Foto: Wikipedia

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Laura Lazzarino

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