Lo dije en un post hace unos días: soy un horror haciendo deportes. No me sale, no me gusta, me da vergüenza. Generalmente estoy muy a gusto con mi cuerpo y sus limitaciones, pero cuando se trata de hacer deportes (una actividad que generalmente carece de cualquier intimidad) entro en pánico y me abatato. Todos me miran, se que no coordino nunca con la pelota o la raqueta o lo que sea que haya que usar, y me pongo en estado de “que tremendo el papelón que estoy haciendo, mejor me quedo quieta capaz nadie se da cuenta que estoy acá”. Por eso, cuando supimos que la próxima actividad iba a ser arriba de un kayak, paniqué. Me imaginé cayéndome el agua, intentando subirme de nuevo al bote mientras todos me esperaban a las risas. Pero no podía decir que no (y en el fondo tampoco quería). La propuesta no se trataba del deporte por el deporte en sí mismo, sino de un medio para llegar a uno de los espectáculos naturales más increíbles que ofrece Puerto Rico: una laguna bioluminiscente).

*Este post forma parte del blogtrip organizado por la cadena IHG para promocionar sus Escapes Fantásticos. Si quieren saber más sobre los escapes que tienen para proponer, pueden visitar este link. Como siempre, el contenido es 100% subjetivo y personal.

kayak en fajardo

La bioluminiscencia es un fenómeno generado por unos pequeños organismos que reaccionan químicamente al movimiento. Aunque por lo general todo siempre ocurre a grandes profundidades, en la laguna de Fajardo se puede ver a nivel del mar. Sólo basta con que no haya luna llena, revolver un poco el agua y abracadabra: la laguna se vuelve un manto de tintineos turquesas que parecen magia. ( Sí, les puedo asegurar que se ve como en las fotos).

bahía bioluminiscente

Se complica un poco hacer fotos de noche (y más si te quedás sin batería porque te pasaste todo el día haciendo snorkel…) 🙂 Esta foto es de Daniel Tirado, un video blogger que viajó con nosotros, y que es de los que piensa que es mejor pedir perdón que pedir permiso… Si puedo dar una sugerencia, en este caso lo mejor es acatar las normas y no zambullirse. (Así evitamos que las luces se apaguen por contaminación!)

Lo primero que hicimos al llegar fue una mini clase de kayak. A diferencia de lo que suponía, remar en kayak no me resultó para nada difícil, y hasta puedo decir que lo disfruté desde el comienzo. El andar suave por entre los manglares me pareció casi como deslizarse, y hasta me animé a hacer algunas fotos. (Lo cual es un buen indicio: ¡si pude hacerlo yo, puede hacerlo cualquiera!) Eso sí, es un trabajo de a dos, por lo que les recomiendo buscarse un buen compañero, y eso no quiere decir alguien que sepa remar bien, sino alguien que pueda reírse si se van contra los árboles…¡y no enojarse porque uno estaba haciendo fotos en vez de remar!

kayak en bahia bioluminiscente

Mi buen compañero…

Cuando llegamos a la laguna era casi de noche. Fue sólo cuestión de esperar antes de mover los remos, las manos, los pies en el agua y empezar a ver cómo pequeñas lucecitas se encendían e iluminaban todo alrededor. Fue difícil en ese momento pensar en los fenómenos químicos o en las explicaciones, porque lo que mis ojos veían se parecía más a los cuentos de hadas que a otra cosa. Lamentablemente, debido a que una de las bahías perdió brillo durante un tiempo debido a la contaminación, no es posible (o al menos no nos dejaron a nosotros) nadar entre las luces. Arriba del kayak y todo, me pareció impresionante.

Por último, si se lo perdieron (?), les dejo el vídeo que hicimos como parte de los #escapesfantasticos.

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Laura Lazzarino

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