Día 6.

4 de la mañana. Me despierto de un sacudón. El perro ladra desaforado porque acaban de llegar y yo me levanto a los tropezones y apago la alarma y aunque no tardo dos minutos en volver a mi cama algo le pasa a mi corazón. Respiro hondo. No se calma. Puteo al perro en voz baja, vuelvo a respirar y perro pelotudo y no se calma, y siento que alguien me lo quiere arrancar desde afuera y que él se quiere quedar, y en ese tire y afloje vuelvo a respirar porque necesito que se tranquilice este rebote en mi pecho que me quiero volver a dormir. Qué te pasa corazón, ya nos vamos.

2 de la tarde y depilación. Isi que me habla de su bebé, que arruga la cara cuando cierro los ojos porque la cera tira. Entonces la voz de mi mamá en el patio. No Patri, no puede ser, no puede ser lo que me estás diciendo y llora, y se desgarra y yo con las piernas dura del barniz de abejas empiezo a gritar mamá que pasó, y escucho que ella balbucea y llora, y Dios que no sea el abuelo. “Se murió la hija de la tía Elsa”, me dice, y lo primero que se me viene a la mente, lo único que baja a mi memoria son sus enormes ojos amarillos.

La primera vez que los vi yo era chica pero me acuerdo, porque me dio algo parecido al miedo. No eran marrones ni verdes, eran amarillos. Ojos gatunos grandes incrustados en sus rostros infelinos, rostros redondos, ásperos, preciosos. La tez blanca, el pelo negro enrulado, eran dos. Sandra y José, los mellizos de mi tía Elsa que de mi sangre no tiene nada pero que es mi tía desde que la conozco, desde que nací.

Se detuvo el tiempo.

Afuera de la casa de La Emilia que no encontrábamos aunque La Emilia no sea más que un puñado de casas había una muchedumbre de autos. “Es ahí”, y ahí estaban mis tías y un desfile de gente que no conozco ni conoceré, todos mirando para abajo, ojos aguados del desconcierto. Muerte súbita. Se le desconectó el corazón. No más de 40 años. Y qué momento de mierda por todo eso que no se supone que deba pasar, y como no se supone que deba pasar uno nunca sabe qué decir. Por las dudas, todos ofrece un té o a lo sumo un mate, y entonces llega mi tía, robusta aún en su rotura, llorando a canillas, que no puede ser. Tía de infancia, tía del locro único más rico que comí en mi vida, y se sienta, y repasa el día desde las 8 de la mañana en que ahí, en esa misma mesa, desayunó con Sandrita, la hora en que la llamó, la hora en que la volvió a llamar, la hora en que la llamaron. Momento de mierda. Tía te amo y ella todavía tiene el detalle de desearme feliz viaje.

ojos_amarillos_2

Afuera, en el patio reseco de alambrado de pueblo, me mira José e intenta amagar una sonrisa que no sale. Y otra vez sus ojos amarillos clavados en mis ojos marrones cualquieras, y no tengo que hacer nada más porque sé que por siempre, el recuerdo del día en que murió Sandra van a ser esos ojos deudos y tristes como jamás. “El médico me dijo que llegó con pocos signos y que se le paró el corazón, y yo le pregunté y, porque no, no podía”. Entonces me dijo que en ese momento el cuerpo se le salió del alma o quizá fue al revés, que sintió su otra mitad irse y ya no dijo más porque lloró, y que Dios sabe por qué hace lo que hace aunque no estemos tan seguros. Y disfrutá, que la vida se disfruta.

Mi tía A. la que vive para trabajar porque el trabajo dignifica aunque llegues a tu casa transformada en una sombra indigna de vos mismo, está renga quebrada hace meses porque no se queda quieta y los huesos no pueden soldar. Turnos de 24 72 horas, una vida de tarjetas para pagar las tarjetas para que valga el trabajo y las Navidades y los cumpleaños retrasados por el trabajo. ¿Estás bien tía? Sí, pero me tengo que quedar quieta. Ya era hora tía. A lo mejor todo esto es para que aprenda que no tengo que trabajar tanto, porque descubrí todo lo que me pierdo y me gustó, y mirá sino lo que pasa, no te llevás nada más de lo que amaste y lo que fuiste feliz.

A mi papá las especificidades de carnicero le encantan. La muerte súbita no es cosa tal, sino una manera elegante de decir que el corazón se te abrió en dos, se te abre porque eso es lo que pasa. Y lo dice con una precisión tan impertinente, con un desconocimiento técnico de causa tal, que es imposible pensar en un corazón partido rebalsado de margaritas con el centro amarillo como sus ojos, en un corazón de amor de maestra que era, desconsolado de no haber podido resistir más. No. Te lo imaginás como un músculo forense listo para ser bife arriba de una balanza de mercado central, corrompido, espantoso. Después vienen las hipótesis innecesarias, completamente intrascendentes. Nadie sabe y mejor que no, si su corazón músculo se desgarró en dos partes. Qué importa. De lo que sí sabemos, todos, es de los corazones rotos que quedaron acá, esos sí que no tienen enmienda.

Yo no sé qué decir, ni qué pensar, ni qué escribir más que esto. No éramos cercanas pero la quería. La última vez que la vi se estaba peleando con razón con una vieja chota de un kiosco que por no querer darle monedas de vuelto la hizo perder el colectivo y llegar tarde a su escuela. Y andaba siempre apurada. Mi tía Elsa repitió eso. Hoy también escuché el deseo sensato de mi tía workaholic de disfrutar lo real de la vida. El amor, la familia, lo que importa. Doscientas veces no somos nada y mil más el pensamiento y sentimiento desconcertante de por qué. No hay por qué. Toca. Y los balances, pienso, mejor hacerlos antes. Antes de decir que sí a cualquier cosa con tal de ganar, de correr tras la zanahoria maldita que aleja de todo lo que es felicidad.

Siempre voy a recordar tus ojos grandes amarillos.

“Sweet movement”: 16 días para salir de viaje. 16 días para precalentar las alas, tomar carrera y despegar. Un desafío de letras, ríos de pensamientos y cosquillas en los pies.  Un diario de viajes interiores antes del gran viaje.

 Podés también leer el Día 5: “Sweet movement: el tiempo de los regalos”

O seguir por el Día 7: “Sweet movement: la maratón”

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Laura Lazzarino

3 ComentariosDejar un comentario

  • Así es la vida. Cuando llega el momento, todo se acaba…no importa si estamos preparados,si nos quedaron pendientes.
    Por eso hay que vivir la vida como queremos,disfrutando cada momento,no dejando nada para mañana…no tenemos una segunda oportunidad de vivirla..
    Tenemos que vivirla para que cuando llegue ese momento,no tengamos que arrepentirnos de lo que no hicimos.

  • ¡Hola! ¡Yo de nuevo! jajajajaja Escribí más más más, estás escribiendo violentamente (¿se puede escribir violentamente?) y me encanta, ir de los recuerdos al presente a los ojos del gato al corazón que se pudre a la filosofía al espíritu y de vuelta al presente y a los recuerdos y al corazón con margaritas y…. (Voy leyendo los posts para atrás… ¿eso es correcto? jajaja)

    • Bueno, supongo que sí! Al menos, yo también siento las palabras fluir de manera casi violenta como una canilla que se abre y no se puede cerrar. Gracias Maga por tus comentarios aunque sean de adelante para atrás!

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