Un faltante en el blog, un hito en el viaje. Quién sabe por qué cosas de la vida no había escrito antes sobre la llegada a la ciudad Mitad del Mundo, esa línea que divide los dos hemisferios y que a todos nos complace fotografiar. Me lo dijo ayer un lector ecuatoriano, luego de leer la historia revolucionaria que incluí en el libro. Supongo que por ese entonces la prisa fue más fuerte que el entusiasmo, la sorpresa demasiada como para sentarme a digerir. No voy a contarles mucho sobre aquello que pueden encontrar dentro del parque (seamos sinceros, la mayoría poco entendemos de astronomía y sólo buscamos la foto mitad y mitad). Lo que quiero compartirles es lo que nos pasó muy cerca de ahí, antes de seguir viaje a Quito. Porque a veces, las mejores historias se encuentran en los lugares menos pensados….

parque mitad del mundo

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“Mitad del Mundo o la revolución de los tomates”

Después de nueve meses de viaje llegamos a Mitad del Mundo. La línea cero, la panza gorda del planeta, el final del hemisferio. En un viaje que había tenido su punto límite en los repliegues helados de la Antártida, la foto sobre la raya amarilla excedía su propio simbolismo. Era una posta que tomábamos a punta de pulgar. Habíamos llegado por tierra y ahora iríamos a por la otra mitad.

Recorrimos el lugar un buen rato y después viajamos hasta Calacalí, el lugar en donde los GPS marcan la latitud cero —pero que resultó muy incómodo para hacer un parque turístico—. Allí está el monumento original, un monolito insulso en la plaza del pueblo que pasa desapercibido. Buscando donde dormir dimos con Nilda, una mujer que tenía un comedor en las afueras y que no dudó en prestarnos el patio de su casa para poner la carpa. Mientras amasaba unas tapas de empanada que serviría en unas horas, nos preguntó sobre nuestro viaje y sobre los motivos que teníamos para andar “a la buena de Dios”. Lejos de juzgarnos, nos escuchaba con mucha atención, meneaba la cabeza cuando compartía algunos de nuestros desacuerdos y asentía de tanto en tanto. Después de un rato de oír sin chistar, Nilda por fin nos miró a los ojos y nos preguntó sobre la revolución. Supongo que lo habrá visto a Juan medio barbudo y eso le hizo pensar en el Che, pero la verdad es que ninguno de los dos tenía idea de hacia dónde iba la conversación. Nos preguntó si no creíamos que ya era hora de equilibrar la balanza, de hacer justicia, de tomar las riendas. Hacía muy poco que la conocía, pero ningún guerrillero cabía en su imagen de ama de casa promedio. La precisión con que empuñaba el palo de amasar me dio otra perspectiva. Empezamos a seguirle la corriente para adivinar el rumbo de sus balas, hasta que remató el discurso. Dijo que el mundo se iba a terminar, que nuestro destino estaba decidido por las multinacionales y que los transgénicos y los presidentes nos iban a matar de hambre. No paraba de repetir que las huertas pronto se volverían ilegales y que nos iban a lavar la cabeza con las hormonas que venían mezcladas en los pollos y los zapallos. Su locura radical no estaba tan lejos de ser acertada.  Cuando vio que Juan sacaba la libreta y empezaba a tirarle la lengua, la mujer se envalentonó y decidió mostrarnos su “arma revolucionaria”. Pensé que iba a sacar el fusil pero, para nuestra sorpresa, lo llevó a Juan hasta el baño, corrió la cortina y develó el misterio. Ahí, en una bañera enorme y maltratada yacía un cultivo de tomates rozagante.

—En los baños nunca van a revisar —dijo, pero por las dudas no nos dejó tomarle una foto.

* Este artículo forma parte de “Caminos Invisibles”, nuestro último libro. Para más info (y para ayudarnos a seguir viaje) podés hacer clic en este enlace.

Algunos datos útiles para viajar a Mitad del Mundo:

Si quieren saber un poco más sobre el parque, esta es la página de Ciudad Mitad del Mundo.

 Para llegar, hay tours desde Quito. Lo más sencillo es tomarse el sistema Metrobus con dirección norte, hasta la estación La Ofelia (estación final). Allí se combina con el bus integrado que va a Mitad del Mundo y frena justo en la puerta (el precio es de unos centavos de dólar).

Los horarios de visita son de lunes a jueves de 9 a 18 hs y de viernes a domingo de 9 a 19 hs. El ingreso vale U$D 7.

No hay alojamientos allí, por lo que conviene buscar hoteles en Quito. (Si buscan opciones más económicas, pueden leer este post).

Desde Mitad del Mundo se pueden mandar postales 🙂

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Laura Lazzarino

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