No sé si muchos de los que leen el blog lo saben, pero durante toda mi infancia y adolescencia tomé clases de danza. No era de las mejores bailarinas, pero en realidad lo disfrutaba, especialmente cuando llegaba fin de año y teníamos la oportunidad de bailar en el Teatro Municipal. Cada año, durante el primer ensayo, mi profesora recalcaba en un aspecto importante: el espacio. El escenario del teatro era mucho más grande que nuestro salón de clases, y costaba adaptarse. Y Noemí siempre decía que los buenos bailarines abarcan todo el espacio. ¿Para qué saltar en el mismo lugar, si se pueden estirar las piernas y bailar en todos los rincones?

Ella nunca lo supo, pero este recuerdo se volvió una linda metáfora que me sirvió mucho en los años siguientes. En definitiva, el mundo es un escenario muy amplio para estar siempre saltando en nuestro mismo lugar, en nuestra misma esquina.

Cuando Juan y yo nos conocimos, los caminos que nos esperaban individualmente eran muy distintos. Él se iba hasta Alaska, y yo a Nueva Zelanda, para poner allí mi inicio de una travesía que quería llevar por Asía y tal vez más allá. Pero como su viaje estaba ya más organizado que el mío, decidí postergar mis planes y unirme en la aventura continental.

Enseguida descubrimos que a ninguno de los dos nos alcanzaba, y fijamos meta en Groenlandia, intentando desafiar la ruta un poco más todavía. Y nos fuimos al sur, y llegó Antártida, y empezamos a subir. Había, sin embargo, una constante que no podíamos ignorar, y hubo un punto en donde ninguno de los dos podía ocultar lo evidente: cada vez que abríamos un mapa, por h o por b terminábamos con el índice en Asia. Se nos hacía imposible esperar a concluir este viaje para empezar a planificar el próximo, y nuestras ansias hacían que comenzáramos hablando de la selva ecuatoriana y concluyéramos discutiendo el mejor itinerario para hacer en India, o la forma de conseguir la visa para Buthan.

Estábamos en Bolivia cuando decidimos quitar la línea de América y hacerla firuletear un poco por el mapamundi. ¿Y si hacemos Sudamérica y después nos vamos a Asia? En Colombia terminamos de decidir. Sí, eso haremos, y volveremos a Buenos Aires en mayo para escribir sobre estas crónicas, viajaremos un poco por nuestro país y después volveremos a las rutas.

¿El plan? Volar a Nueva Zelanda (no me puedo quedar con las ganas bajo ningún aspecto), de allí a Australia, Filipinas, Papúa Nueva Guinea, Indonesia, Tailandia…y seguir por el Sudeste asiático en una ruta que nos llevará, entre otros, por China, “Los Stan” (léase Kazajistán, Uzbekistán, etc.), India y Medio Oriente hasta llegar a Europa.  La idea es viajar por el viejo continente, cruzar por Islandia a Groenlandia y desde allí a Canadá, desde donde nos esperará un largo camino a casa.

 

Luego vendrá África, ese monstruo temible pero maravilloso. Para eso falta tiempo aún. Como bien dije, nunca fui de las mejores bailarinas, por eso prefiero guardarme un cachito de escenario para el próximo baile…

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Laura Lazzarino

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