Navegar río arriba, entre enjambres de camalotes y naranjos que se desploman en las barrancas parecía un sueño idílico, solo posible en Paraguay. Desde la ciudad de Antequera, en una húmeda madrugada, partimos a bordo del Luz María, adivinando las siluetas de las palmeras bajo la luz de la luna.

Un largo recorrido nos espera por delante, navegando en este barco de cargas y pasajero cuyo objetivo es conectar las decenas de aldeas y estancias que floreces a la margen del río, desplazadas desde que se construyó la carretera.  Así avanzamos suave, y a medida que el sol se posa sobre el casco de la rechinante embarcación el paisaje natural se va abriendo ante nuestros ojos. Incontables mariposas de todos los colores desfilan a la par del barco.

Río Paraguay

navegando el río Paraguay

atardecer en el río

En una nave más moderna los detalles quedarían esfumados por la velocidad, pero nuestro barquito se mueve tan, pero tan lento, que podemos verlas volar y desaparecer delante d enosotros, seguramente sintiéndose poderosas de poder vencer a tamaña embarcación que avanza conforme sus años.

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A bordo no hay mucho que hacer y cuando el calor llega a su punto más alto el sopor se hace notar. Cuando ya hemos recorrido más de la mitad del trecho, una señora de sonrisa grande sube cargando bolsas de porotos, frutas y leche. Nos mira intrigada, y como si fuera una especie de ofrenda, sin mediar palabra nos extiende su mano con naranjas y bananas para los dos. Nos sentamos a su lado y le agradecemos. Nos cuenta que se llama Asunción, y cuando nosotros le comentamos acerca de nuestra historia se disculpa por no invitarnos a su casa, pero dice ser muy pobre…Nos ofrece aún así unos mates por la mañana, que aceptamos agradecidos.

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Esa noche dormimos a bordo del barco, con una orquesta de ranas como cortina de fondo, y por la mañana, como habíamos prometido, vamos a casa de Asunción. Ella ya nos está esperando con el desayuno y cuando se disculpa por tercera vez por la humildad de su casa le pido que deje de hacerlo, pues estamos felices de compartir ese mate cocido con ella. Asunción sonríe con amplitud y comprendo que acabamos de recibir no sólo una bendición sino el permiso para quedarnos en su casa las noches siguientes. Efectivamente se trata de una vivienda humilde, con dos habitaciones de material y piso que sirven como dormitorios. La cocina está fuera y es a leña, lo que no impide que Asunción se luzca en sus platos… Al caer la noche ella nos pregunta si nos molesta compartir el cuarto a lo que decimos que no, y terminamos durmiendo nosotros dos en un super colchón y ella con sus dos hijas en otro. Descansamos, hasta que un rayo nos despierta. La tormenta se infiltra en el techo del cuarto de al lado y así es como a la madrugada sus hijos se traen el colchón y finalmente terminamos siendo siete bajo el mismo techo. ¿Incomodidad? Ninguna. El confort pasa por saber que hemos sido acogidos tal vez por la familia más sencilla de todo el pueblo, esa que nos ha abierto las puertas de su casa con total desinterés. Mientras afuera el agua cae con furia yo miro esas cuatro paredes y pienso qué sería de nosotros si esta señora no hubiera hecho frente a su pudor y nos hubiéramos visto obligados a acampar. Les falta el dinero, ese que todos luchan para conseguir y permitirle a una de sus hijas terminar la universidad. Sin embargo esta familia entiende de riquezas mucho más que tantas otras.

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Cuando llega el momento de despedirse las lágrimas parecen saltar de los ojos de esta mujer, que me besa la frente y me desea buena gente para el resto del camino, a la vez que me bendice “vos sos como mi hija, Laurita”. Sé que mi mamá se sentiría honrada por las mujeres que me aprecian así en el camino. Tal vez no habrá sido ni la casa más lujosa, ni la familia más adinerada, pero cuanta riqueza que han compartido con nosotros…Gracias, Dios.

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Laura Lazzarino

3 ComentariosDejar un comentario

  • alucinante historia lauraa! muchas veces los que menos cosas materiales tienen son los que mas rapido abren su corazon, saludoos!

  • Laura! Un gusto leer tu blog! y asi como dices en el blog te topaste con la auténtica hospitalidad paraguaya, aquella que se abre desinteresadamente al visitante dando hasta lo que no se tiene… y la próxima que pases por Paraguay somos muchos los que te podemos mostrar todas las maravillas de nuestro país! Serás siempre bienvenida.

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