Hoy vamos a conocer Fateh Sagar, otro lago al norte de la ciudad de Udaipur. Está bastante seco y en el medio tiene una pequeña isla convertida en parque, Nehru Park. Del muelle a la isla hay unos pocos metros, sin embargo el tkt es bastante caro. Lo que me molesta un poco de acá no es tanto que haya un precio para indios y otro para turistas, sino que las diferencias sea tan pero tan abismales. El pasaje que nosotros pagamos cuesta 125 Rp, mientras que el precio local es sólo… ¡de 12 Rp! ¡10 veces menos! Con el rickshaw pasa lo mismo, siempre hay que discutir mucho el precio, y a veces se termina pagando menos de la mitad del precio inicial.

tecnicas pescadores

El parque está muy bien cuidado. Hay muchos pájaros y ardillas y los jardines están bien mantenidos. Es una lástima que haya tan poco agua. Nos quedamos descansando un buen rato y después volvemos. Tomamos un rickshaw hasta Dudh Talah, otro lago artificial medio seco. De allí subimos  hasta Sunset Point en la montaña. Ya rompí la regla de no comer en la calle; es que realmente es imposible, además no creo que las cocinas de los restaurantes sean mucho más limpias que estas.

Lake Pichola

En uno de los descansos se me acerca una pareja de chicos hindúes a pedirme si se pueden sacar una foto. Me muevo para darles espacio, pero no, lo que quieren es sacarse una foto conmigo. Claro que acepto –aunque no comprendo mucho sus razones- y cuando ya está me acerco a la chica a mirarle las manos, que están pintadas con henna hasta casi los codos. Automáticamente se saca unas cuantas pulseras y comienza a intentar ponérmelas. No pasan bien por mi mano, así que insisto en que no es necesario (ya me probé unas cuantas y se cómo quedan). Ella insiste aún más y haciendo fuerza me las va poniendo una por una. Apuesto a que me las quiere vender. Cuando le pido que no siga porque no voy a poder sacármelas para devolvérselas, ella sonríe y hace un gesto, haciéndome entender que me las está regalando. Agradezco con mi mejor sonrisa porque aunque me duelen las manos por el esfuerzo, valió la pena, y me sorprendió. Las mujeres acá son muy amables, te dan lo que tienen, aunque no sea mucho.

Seguimos caminando hasta la cima donde conseguimos muy buenas fotos. Finalmente volvemos a cenar, armamos las mochilas y nos vamos a la estación a esperar el tren.

La diferencia entre cabina turística y regular es mucha. Creo que somos uno de los pocos mochileros, el resto son todos musulmanes, en su mayoría hombres. Cuando Joao me cuenta sobre sus prejuicios acerca de esta religión asumo que es porque casi todo lo que sabemos es de boca de los occidentales (léase Estados Unidos) ¿Qué es lo que sabemos? Guerras, terrorismo, torturas, opresión a las mujeres. Claro que esas cosas existen, pero estoy segura de que no lo son todo. Admito que al comienzo yo también me sentía algo incómoda entre tantos hombres musulmanes, pero decidí dejarlo pasar. Sin embargo dormir fue imposible. No sólo porque no tienen nada de respeto y hablan de un vagón al otro a los gritos, sino porque cuando se callan todos roncan. Todos, sin excepción. 

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Laura Lazzarino

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