4ta historia. Un cuento chino:Ya era pasado el mediodía y seguíamos dando vueltas sin saber comprado nada. A esta altura todos nos perseguían: si antes era imposible encontrar cuchillos ahora había por todas partes. No se la cantidad que vimos, pero solo unos se veían originales y muy bien trabajados. El resto eran impresentables, y lo peor es que nos querían hacer creer que eran de plata y oro, y no eran más que baratijas chinas de todo por $2. Se piensan que porque uno es turista es estúpido y compra cualquier cosa. A esta altura del día ya estoy hastiada.

5ta historia. Antes del fin: Ya estaba por volver a comprarle los cuchillos al imitador de argentino cuando finalmente conseguí lo que estaba buscando y tan lindos que Joao también compró. Fue una larga odisea pero valió la pena.

Como todavía nos queda un rato de tiempo vamos a visitar el templo de los monos, que se llama así obviamente porque está atestado de estos animales que corretean por todos lados. Son inofensivos, no se te acercan a molestar, pero uno les puede pasar cerca o sacar fotos que ni se mosquean. 

El templo en sí no vale nada. Tiene buenas panorámicas pero es todo. Es más, no nos quedamos mucho porque la chica que cuida pierde toda su amabilidad ni bien ve que no estamos interesados en nada de lo que ofrece: no queremos visita guiada (es solo una terraza!), ni collares de flores, ni tatuajes de henna. Es tan insistente que nos obliga a ser descorteces, entonces se planta frente a nosotros con la canasta de donaciones. Se perfectamente que no es obligatorio, pero ya estoy tan cansada que saco unas monedas. No llegan a tocar el fondo de la canasta que ya me las está devolviendo: ¡no coins for tourist! Le muestro que solo tengo un billete de 500 Rp, a lo que responde que se lo de y que ella busca cambio. Ya estoy tan pero tan indignada con soberbia que saco un par de fotos y nos vamos.

Ya de vuelta en el bazar buscamos algo para comer antes de volver al Guest House. Nuestro bus sale a las 11 con rumbo a Agra, todavía tenemos tiempo. Un último incidente me sorprende para terminar de completar el día.: estamos caminando por la calle, Joao tiene unos jeans que están un poco rotos, como los que se usaban antes. No están sucios ni son reveladores en absoluto, solo algunos tajos en las rodillas. Llama un poco la atención pero, ¿qué cosa no llama la atención acá? Me separo un momento para comprar unas papas y una chica india, vestida bastante occidental, se me acerca t me dice que le diga a Joao que vuelva a su hotel, cambie sus pantalones y después vuelva, porque se ve muy feo y extraño. La miro mezcla de sorprendida y algo indignada por la altanería de su tono y sus palabras, que más que un pedido suenan a una orden. Le digo que no vamos a irnos a ningún lado y que sus jeans están bien, que están limpios. Automáticamente y en voz alta me contesta: “que se los cambie porque a mí me molestan”. ..

Después de un rato volvemos a la Guest House y de ahí a la estación de buses, supuestamente a tomar un bus turístico que termina siendo local, pero cama. Acá los buses cama son cama de verdad: no hay asientos, sino cuchetas de 1 y 2 plazas, con cortinitas y todo. Lastima que por tanto quilombo de gritos y música no podemos dormir.

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Laura Lazzarino

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