Llegamos a Tulum después de 1 hora de viaje y nos bajamos en la entrada de la zona arqueológica. La ciudad, o mejor dicho la región, es como un gran cuadrado: uno de los lados es la ruta que va a Playa o a Chetumal, en una punta está el pueblo y en la otra la entrada al area de las ruinas. El lado paralelo es la costa y en una de las puntas están las ruinas (espero que se entienda). Uno puede elegir quedarse en el pueblo, en la entrada o en la costa, Obviamente queremos algo sobre el mar, así que a patear con la mochila. No es nada sencillo porque hace mucho calor, es mediodía, las mochilas están pesadas y con muchos km de costa, y los complejos de cabañas están muy separados unos de otros (además como siempre estamos a procurar algo barato). Después de un largo, largo rato encontramos algo que para mí es lo mas parecido al paraíso que alguna vez vi: una cabaña de madera hecha con tronquitos finitos que permiten ver hacia afuera, con 2 camas grandes y una puerta que da hacia una terraza que esta frente al mar… Desde adentro se siente el viento y el ruido continuo del mar, es realmente como dormir en la playa, pero en una cama. El color del agua es turquesa profundo y la arena es bien blanca. Lo mejor es que no tiene nada que ver con Playa del Carmen, es muy poco comercial (aunque es bien caro), las playas son bastante desiertas y no tenemos vecinos cerca. ¡Que feliz que estoy!
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Pasamos la tarde en la playa, almorzamos unos fideos con supuestos camarones y ya por la tarde vamos al pueblo, para hacer compras porque no queremos vivir en restaurantes. Yendo al súper se ahorra mucho más de la mitad y se come rico. Son casi 4 km de ida y otros de vuelta, y los hacemos caminando; la luz de la luna esta fuertísima y charlando se pasa. Que hermosa vida que tengo, Dios.

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Laura Lazzarino

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